No es por ser aguafiestas ni nada, pero a Junior, en Medellín, ya le empataron una diferencia de tres goles.
Fue en el 2004, en el Torneo Clausura. La Liga le pertenecía a Mustang y el comercial de Pintuco -«faltan 15 minutos, faltan 15 minutos, Viniltex de Pintuco»- ambientaba las transmisiones de los partidos. El Junior del ‘Zurdo’ López y el Nacional de Juan José Peláez llegaron a la final. En ese entonces, a los ocho primeros del Todos contra todos se les dividían en dos cuadrangulares (el A y el B) y los ganadores de cada uno se enfrentaban en la final.
La ida se jugó en Barranquilla y Junior, como contra el DIM, dio baile, sandunga y carnaval. «Tres pepas a cero, cole. ¡Somos campeones!», pregonaron los hinchas en la Costa. Esta vez, los Díaz, Teo, Piedrahita y James, los goleadores, fueron Roberto Peñaloza, el gran Hayder Palacio y Leonardo Rojano. Pocos días se recuerdan más que aquel 15 de diciembre. Se acabó la maicena, se agotaron las fías y la Alcaldía decretó dos días cívicos. Pero… lo que vino ocho días después… el guayabo (luego fiesta) más grande de la historia del Junior (hasta ahora). Lea también: Actualización de los fichajes para la Liga Águila 2019-I
En la vuelta, en Medellín, todo empezó mal. La típica jugada de la pólvora no dejó dormir a los jugadores y los utileros del Junior no llevaron las camisetas que eran y al equipo le tocó jugar con la camiseta de entrenamiento -una vaina horrible, dorada-. Ya en la cancha, la banda del ‘Zurdo’ fue un chorro de babas. El triunfalismo y la caldera de fuego, que fue el Atanasio ese día, los mató. El arquero, Luis Fernández, medio nervioso, medio bobazo y algunos dirán que medio comprado, regaló tres goles y convirtió en un mar de nervios a la defensa. Siga con: El “¿qué prefiere?” del Junior de Barranquilla
5-2 terminó el partido. Nacional empezó ganando 2-0. Arzuaga puso el 2-1 luego de un laboratorio cocinado por Omar Pérez. Después, Nacional remontó gracias a Aquivaldo, Héctor Hurtado y Carlos Díaz. 5-1 estuvo el partido. La maicena de Barranquilla se había teletransportado al Atanasio y con ella el triunfalismo asesino «¡Campeones, hijueputa¡ ¡CAMPEONES!». Pero no. No fueron campeones. Faltando dos minutos Walter Ribonetto, un ‘paragua’, mandó el partido a los penales. Y, vaya novela, Junior, el nervioso y triunfalista Junior, celebró su quinta estrella en el Atanasio.
PDA: De esta novela trágica viene el cántico juniorista: «Este es el glorioso Junior que viajó a Medallo y salió Campeón!».
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El Heraldo








