Eliminaron a la Selección Colombia Sub-20 del Mundial de Polonia y estás son nuestra conclusiones.
Se acabó el sueño de los muchachos, acabó feo contra una discreta selección ucraniana que jugó a no perder y terminó ganando. En este país, que es cruel con el talento y envidioso con los éxitos ajenos, diremos que el Mundial fue un fracaso. Pero, ¿realmente lo fue?
No. Categóricamente, no. Que un equipo del que nadie esperaba nada haya muerto dignamente en cuartos de final eso algo que de ninguna manera puede ser considerado un fracaso. La categoría Sub-20 —más que para recolectar títulos y galardones— debe servir para sacar conclusiones valiosas para el futuro. Y en este caso —como en todos— hay cosas buenas y cosas malas. Veamos.
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Lo bueno
Se notó el trabajo de Reyes
Uno puede estar de acuerdo o no con las decisiones, las declaraciones, los cambios y los planteamientos de Reyes, lo que no puede decir, de ninguna manera, es que este equipo de Polonia fue el mismo que vimos en el Suramericano de febrero. De ser un grupo de jugadores frágil y confundido, en cuestión de unos meses, pasamos a ser un selección compacta, resiliente y con mucha más intención ofensiva. Siguieron faltando los goles abundantes, pero la disposición fue otra.
Los centrales
La dupla de Carlos Cuesta y Andrés Felipe Ramírez fue impresionante. Bien por arriba, bien por abajo, buen juego de pies, excelente en la salida a ras de piso. Con centrales así el equipo gana fluidez y la propuesta de juego corto a ras de piso toma forma. Sin exagerar, hoy pensamos que esta dupla puede llegar intacta a la Selección mayor.
Nos estamos volviendo expertos en la formación de centrales de alto vuelo.
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Las culebras
Después de los centrales, lo que más se hizo notar, fueron los extremos. El Mundial deja muy bien parados a Carbonero, Ángulo y Sinisterra. Los tres —gracias a que la línea de tres en la mitad les hizo llegar el balón— demostraron que tienen el fuego sagrado del típico jugador de banda colombiano: gambeta, técnica, desparpajo y una velocidad mutante.
Para Sinisterra hay párrafo aparte. Es importante para Colombia tener a una jugador de esas características jugando en Europa. Fue nuestro hombre más desequilibrante y mostró muy buen criterio en sus decisiones. En no mucho tiempo lo veremos jugando con James.
Lo no tan bueno
Los laterales
Arroyo, con el tema de su traspaso al Liverpool y su rodaje europeo, prometía mucho y quedó debiendo. La promesa de comerse la banda derecha no la cumplió y además se vio ansioso con el balón y errático en la salida. Falló mucho y no marcó la diferencia. Vera, por su parte, arrancó bien y fue yéndose a menos. La última foto, contra Ucrania, fue desafortunada: no levantó un centro bueno.
Y esto es no tan bueno, pero tampoco es malo. Uno los ve ahí y se olvida que tienen menos de veinte años. Su margen de mejora y madurez es muy amplio todavía. Bajémole al dramatismo.
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El ‘Cucho’ Hernández
Y no se trata de salir con mala leche y saña a decir que es un muerto y que está sobrevalorado. Es un crack. Pero en Colombia se cometió el error de creer que solo con él, que además llegó lesionado, iba a ser suficiente para solucionarlo todo. En los partidos peludos la pelota no le llegó y él —que también tiene 20 años— no supo engranar. Se vio desubicado y Colombia, como en el Suramericano, sufrió mucho para hacer gol.
Esperábamos que hubiera aparecido en las noches decisivas contra Ucrania y Nueva Zelanda. Quizás le hizo falta confianza y tiempo para adaptarse al equipo, pues llamarse ‘Cucho’ Hernández y jugar en España no lo hace un superhéore omnipotente. El fútbol es un juego colectivo.
Le rescatamos las ganas y el sacrificio que demostró siempre que jugó. Caerle encima es un disparate.
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