Las opiniones de los columnistas no reflejan necesariamente la de Hablaelbalón.
Empiezo con una obviedad: el fútbol es un deporte hipócrita. Repito: el fútbol es un deporte hipócrita y los hinchas, tan ligeros, nos entregamos a la hipocresía con una facilidad asombrosa. Y lo peor es que dicha hipocresía no es producto de la ignorancia o de la inocencia; pues todos sabemos bien cómo funciona este negocio.
Hablo del caso Dayro, por supuesto. Esta mañana, como era predecible, los medios deportivos (y muchos que no) dedicaron esfuerzo y espacio editorial para enumerar las cagadas del goleador. Y en Twitter y en todas las redes sociales, el de Chicoral es, desde el sábado en la noche, carne de cañón. Carroña. La estatua virtual en la que cagan las palomas y a la que los fanáticos le escupen trinos llenos de moralidad y odio —como si así se purgaran o le dejaran al mundo una lección de buena convivencia.
Lea también: Equipos Eternos: Junior 1994
Ayer en la tarde, cuando Nacional despidió a Dayro, fueron muchas las voces que elogiaron la decisión y la entendieron como el espejo en el que se deben mirar todas las ovejas descarriadas del fútbol colombiano que se pasan por el forro la disciplina y se creen más importantes que el club al que representan. «Dayro se lo buscó». «Bien ido». «Así terminan los hampones». «Era el mínimo castigo para un criminal». «El club, siempre, va primero».»¡Basta ya de alcahuetería!».
Ser crack en la cancha no debe ser pretexto para ponerse de ruana la disciplina de los equipos. Ese es el mensaje que manda Atlético Nacional al rescindir el contrato de Dayro Moreno. Ojalá otros clubes copien el ejemplo en vez de andar alcahueteando a jugadores irresponsables
— Alberto Salcedo R (@SalcedoRamos) October 16, 2018
¿A qué voy con todo esto? Al comienzo: el fútbol es un deporte hipócrita y los hinchas –y los periodistas – nos entregamos a la hipocresía con una facilidad asombrosa. Sumarse a la cascada de ataques contra Moreno es el camino más fácil para simplificar una realidad compleja: es seguir enfrascados en analizar los síntomas y no las causas y dejar de lado la pregunta más básica para intentar entender los comportamientos humanos: ¿Por qué? ¿Dayro, por qué?
Dayro, como bien trinó @egocadavid, «es como si Colombia fuera una persona». En él, en su infantilismo peleón a los 33 años (la edad de Cristo), en su incontinencia, en su rebeldía sin causa, sus parrandas de cuatro días y su incapacidad para entender y acoplarse al «colectivo», se expresa una sociedad fallida, inculta, individualista hasta el extremo y adicta a la violencia y al caos.
Dayro Moreno es como si Colombia fuera una persona.
— Diego Cadavid (@egocadavid) October 15, 2018
Lea también: El conductor de Uber que jugó con Pelé y Beckenbauer
Y eso, creo, no va a cambiar –y veremos a Dayro repetirse una y otra vez, en Nacional o en Santa Fe o en el Pereira – hasta que los clubes de fútbol en Colombia no le hagan sentir a sus futbolistas, desde niños, que son seres humanos dignos y no simples juguetes de feria con fecha de expiración.
¿Cómo empezar? Comprometiéndose, con las vísceras y con la billetera, a garantizarles la educación. Si nuestros futbolistas empiezan a sentir que su profesión no es solo una vorágine de presión, de plata y de fama, y que en ella pueden evolucionar como seres pensantes y responsables, será menos probable que, como Dayro el sábado, se caguen en ella.
¿Para cuándo el colegio Atlético Nacional?
Termine con: «James no puede con su ego».
Foto:
Goal.com










