La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.
Hoy, en el almuerzo, a un amigo cercano de Hablaelbalón que jugó fútbol, que sabe de fútbol le hicimos la siguiente pregunta: “¿Le ganamos a Brasil?”. No dudo un segundo: “Nooooo. Brasil es lo mejor que hay”.
Y nos pusimos a hacer cuentas mirando las caritas del once en el celular: “Ospina vs Ederson, pues que te digo… Stefan va a marcar a Neymar, joder. Y a Tesillo lo van a doblar Alves y Richarlison. Wilmar es animal, sí, pero Casemiro con sus cuatro Champions, te cuento. Roger es bueno pero no se sienta con Ney.”

Esto nos ha pasado a todos: estamos acostumbrado a bajarle caña a los nuestros.
Y la gente habla de Egan, y de Farah y Cabal, y de Mariana Pajón y de Caterine Ibargüen y luego alguien en Twitter los compara diciendo “¿por qué putas la Selección no gana nada?, manada de mediocres”. Y el post se hace viral, se inflama como un trapo impregnado en gasolina.
¿Pero sabe qué? Mírese el ombligo. Los de la mentalidad mediocre somos nosotros. Los del sofá. Los que le tienen que pedir permiso al jefe para alcanzar a ver el partido. Los que armamos el plan para emborracharnos ganen o pierdan. Los que depositamos toda la fe sobre ellos solo cuando nos conviene, solo cuando la vemos fácil. Solo cuando no nos da miedo.
Por eso la mentalidad de Queiroz es una brisa de verano en nuestro cuerpo desnudo: ¡qué frescura que Carlos siempre quiera ganar! Usted puede seguir en su zona de confort y bajarle caña al partido de hoy: “Era solo un amistoso”. “Brasil jugó mejor”. “No pudimos sostener el resultado”. “Esos manes de Hablaelbalón solo exageran todo”. Y así. O puede acabar de leer esto y pensar: “Carajo, se nos escapó el partido por poco, pero se acabó esa vaina del miedo”.





