Se busca: Roger Martínez

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De los delanteros de la nueva generación, este era el que más prometía. ¿Sabe dónde está? Lo queremos de vuelta.

 

Como todos en este negocio, Roger no la tuvo fácil. Nació en Cartagena, allí se formó, pero fue en Medellín, en el Club Deportivo Estudiantil, lejos de casa, donde se dio cuenta de que sería futbolista. A los 17 años su talento excepcional lo llevó a probarse a Boca. Seis meses estuvo en la Casa Amarilla antes de que le dieran las gracias. “Otra vez será, pibe”. Era menor de edad y la reglamentación FIFA le frustró el sueño. Primer tropezón.

 

Al año volvió a Argentina con la esperanza renovada. Se probó en Racing; su potencia y velocidad no pasaron desapercibidas. En La Academia le abrieron las puertas. En 2013, llegó a la reserva y en menos de seis meses Luis Zubeldía le dio su chance en el primer equipo. ¿Su debut? En la final de la Copa Suramericana contra Lanús. Racing perdió, pero Roger se hizo hombre.

 

Entre agosto de 2013 y mayo del 2014 jugó 14 partidos y no pudo consolidarse. El equipo entró en crisis y vino una seguidilla de técnicos. Para arrancar la temporada siguiente llegó Diego Cocca y le dijo que no iba contar con él. Segundo tropezón. En el club sabían que era una joya y por eso no se deshicieron de Roger; lo cedieron al Santamarina de la Primera B Nacional.

 

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En la B tampoco tuvo suerte. No contó para el DT y volvió a Racing. Cocca, otra vez, lo raqueteó. Prefirió la experiencia de otros. Confiaba más Zidane en James que Diego en Roger. Tercer tropezón. Cabizbajo llegó a Aldosivi. Y entonces se hizo el milagro…

 

En Mar del Plata a Roger le dieron lo que necesitaba: confianza y minutos. En Colombia nos enteramos de su existencia  el día que en La Bombonera un pelao cartagenero lideró la victoria de un recién ascendido. En Boca, más de un dirigente se rasgó las vestiduras.

 

Veintisiete partidos, seis goles y seis asistencias después, Racing lo repatrió. Los tropezones se habían terminado (o eso creímos). Desde ese momento, su carrera se disparó. El 2016 lo arrancó siendo figura del Racing de Diego Milito y el ‘Licha’ López. Luego de la noche en la que La Academia ganó 0-1 en La Bombonera con gol de tacón de Roger, acá en Colombia todos los periodistas deportivos mentimos: “Siempre lo supimos, a Roger todos lo conocíamos”. ¡Ja!

 

 

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Y como todos lo conocíamos, pues lo llamaron a la Selección Sub-23 que se jugó la vida en un repechaje contra Estados Unidos para clasificar a los Juegos Olímpicos de Río 2016. En la ida el ‘Piscis’ no lo puso y Colombia empató 1-1. En la vuelta dos goles suyos nos pusieron a la bailar samba.

Breve.

 

Entonces, como ahora sí, de verdad, todos lo conocíamos, Pékerman lo llamó a la Copa América Centenario. Esa Selección, aunque salió tercera, jugó mal. Bueno, a pesar de todo, quedó la sensación de que Colombia había encontrado un delantero jodido, rápido, potente. Para muchos, en la euforia, Roger se parecía a Ronaldo, el gordo, el verdadero.

 

Figura en Argentina y gran promesa de Colombia, el planeta fútbol, claro, le puso los ojos encima. Entonces esta historia se dobló con un giro que ni el más sádico guionista de Hollywood se hubiera imaginado. Se habló del Lyon, del Benfica, de la Fiore, del sorprendente Leicester y de muchos otros equipos que hubieran sido una transición interesante al fútbol europeo. No. Roger terminó en China. Cuarto tropezón.

 

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Nos vendieron el cuento que de China iba para el Inter. Pero nada. Ya pasó año y medio y nada. Se esfumó. Dizque el nombre del equipo es el Jiangsu Suning. Nos da igual. Seguramente ha hecho goles. Que nadie vio. Debe ser rico, eso sí. Muy rico. Lo que pasa es que ni los millones compran un cupo en el Mundial.

 

Así sepamos dónde está, Roger es un desaparecido. Si lo ve, recuérdele que tiene 23, que es joven. Dígale que el tiempo pasa. Insístale. Que ya que la tiene toda piense en su carrera deportiva. Que arranque de cero. Rusia está difícil, pero a Catar llegaría con 27.

 

A nosotros, sin verlo, todavía se nos parece al Gordo.

 

Foto:

Racing.com.ar


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