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Antes de hablar de James, hablemos de la Juve, pues no tiene sentido hablar de aspiraciones en Italia sin antes hablar del dueño de la Serie A. Sí, el dueño, un equipo que en las últimas temporadas solo ha luchado por ganar la Champions porque la liga local la da por descontada.
Para meterle picante e ir a por más, esta temporada cambiarán al cauteloso Massimiliano Allegri por el eléctrico Maurizio Sarri. El cambio, aunque refrescante, puede ser peligroso. Romper el statu quo y renovar el modelo de juego supondrá un periodo de transición —y por ello de inestabilidad— en el que las fuerzas emergentes de Italia pueden aprovechar para dar el batacazo. Es aquí donde aparece el Napoli, el único un equipo que le ha hecho cosquillas a la Juve en estos últimos años.

Luego de un año, Ancelotti ya ha tenido tiempo para acomodarse y conocer a sus jugadores. En esta temporada que arranca —ahora sí— se le debe exigir ser realmente competitivo. Mientras la Juve comienza un nuevo ciclo, el Napoli está asentado en su idea, logró mantener la base y retener a sus grandes figuras (como Insigne y Koulibaly, por las que preguntó todo Europa). Así las cosas, se abre una ventana de oportunidad y, como nunca antes, el Napoli cree que está para ser campeón. El técnico lo sabe y para estar a la altura le pidió al presidente que moviera sus fichas y le trajera a un viejo conocido: James Rodríguez.
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Después de cuatro temporadas muy regulares en dos grandes como el Madrid y el Bayern, pasar al Napoli puede parecer un retroceso. Y quizá lo sea, pero es uno necesario. James tiene que demostrar de una vez por todas si está para lo que todos creemos que está. A sus 28 años no tiene margen de error, se encuentra en un momento crítico en el que necesita minutos y confianza para volver a despegar. ¿Y quién mejor que Ancelotti para volverse a encarrilar?
Carletto lo conoce y en su etapa en el Real Madrid entendió cómo sacar lo mejor del 10. Sabe que es imposible ver su mejor fútbol cuando simplemente se le encaja dentro de un sistema establecido, como lo hicieron Kovac y Zidane. James necesita sentirse y ser protagonista, que se juegue con él, que el balón pase por sus pies, tener un rol nuclear y no periférico. Así es en la selección y así fue en su primera temporada en el Madrid. Ahora, si el técnico lo pide es porque lo necesita, porque lo considera capital para darle un salto de calidad al equipo y porque ve en él la ficha para suplir la salida del gran Hamsik, que se fue en enero. “Hazlo sentir importante y él será importante”.
Con James, además, el Napoli configuraría un mediocampo top: Fabián Ruiz, gran promesa del fútbol español; Piotr Zielinski, joya del fútbol polaco; Allan, el Kanté brasilero. Arriba, Insigne, Callejón y Milik, todos nombres de élite que juntos serían suficientes para destronar a la Juve, pero que por separado no son lo suficientemente pesados para que se normalizara la hipotética suplencia de James —algo que lamentablemente sí pasó en España y Alemania—.
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Los condimentos están dados: una Juventus en transición, un entrenador que lo entiende y lo quiere, compañeros de élite y un club que lleva años madurando para dar el batacazo. En este momento, no hay en Europa un mejor club para que James Rodríguez se bañe de gloria y, por fin, le cumpla a la promesa que nos hizo hace cinco años en Brasil 2014.










