La situación actual de Millonarios es deprimente, infeliz, muy desilusionante. Sería deshonesto negar que la Copa Libertadores de Nacional no fue un mazazo en el orgullo y en la moral del hincha azul. Eso fue un puñal en el corazón. Y los únicos que pueden darle alegrías a un club depresivo -los jugadores- están completando un torneo desastrozo. El 0-0 de frente a Aguilas fue otro episodio más del confuso equipo de Israel.
Millos salió con un 4-4-2. Rojas por Quiñones en el lateral izquierdo y Ayron Del Valle adelante, fueron las novedades. Henao y Robayo fueron la pareja en el doble cinco, Estrada -en un experimento de Israel- jugó en la derecha como falso extremo, Macalister Silva lo hizo por la izquierda y arriba ‘Manga’ Escobar acompaño a Del Valle.
El visitante hizo lo que hacen el 90% de los equipos que visitan Bogotá: dos líneas de cuatro bien juntas, repliegue bajo, taponar el juego interior y salir en contragolpe. Al minuto 1′, Hurtado tuvo la mejor del equipo en el partido, un mano a mano muy claro que tapó muy bien Vikonis. A partir del minuto 5′ y hasta el minuto 20′, Millos fue mejor. Soltaba a Robayo, buscaba a Estrada y generó tres opciones atacando por la derecha, el lado por el que jugó todo el partido. El costado de Rojas y ‘Manga’ fue mudo, no existió. Eso es un grave déficit de juego.
Águilas, si bien cedió la iniciativa, dio la sensación de poder herir a Millonarios en cualquier momento. El mal posicionamiento de Robayo y Henao y las malas entregas le ofrecían buenos contragolpes al visitante. En la segunda mitad del primer tiempo, Millos perdió la poca gracia que tenía. Del Valle y ‘Manga’ habrán tocado tres pelotas en la primera mitad, los cobros de Macalister Silva de pelota quieta fueron de jugador aficionado, Estrada dejó de aparecer y los laterales no se desdoblaron. Parece ser que el gran Lewis Ochoa no existe más.
Al 31′, en una jugada espectacular Baloy gambeteó a tres jugador de Millos, trató de picarle el balón a Vikonis y casi hace el gol del año. Águilas no hacía el partido de su vida, pero no era menos que Millonarios. El primer tiempo se terminó con los chiflidos de las cinco mil personas que fueron al estadio. El nivel de juego fue demasiado pobre.
Para la segunda parte, Israel centró la posición de un Estrada que ya no tiene la chispa para jugar de falso extremo. Lo que muestra Estrada actualmente no es ni la sombra de lo que hizo junto a Ciciliano hace unos años. Millonarios salió más intenso y a apretar más arriba, completó unos primeros diez minutos aceptables, para caer nuevamente en un juego plano y gris.
El equipo intento hacer posesiones más largas en el segundo tiempo y circular más que en el primero. Aunque todos lo intenten, Henao siente otra cosa. Él juega a tres largas y una corta. No hace jugar a sus compañeros. Millos necesita un pivote mucho más completo.
Al 75′, Israel puso todo lo que tenía, sacó a Henao para que entrara Maxi Núñez. El equipo quedó con un solo volante de marca: un 4-1-4-1 muy ofensivo. Delante del cabeza de área se pararon Estrada, Silva, ‘Manga’ y Maxi. En punta quedó el debutante Enzo Gutiérrez. Pero por tener más ingredientes no sabe mejor el refresco y Millonarios siguió siendo un equipo plano, sin movilidad, sin sensación de ser un equipo.
El visitante fue regalando metros, firmando el 0-0 y regalando la pelota. Sin embargo, siguió teniendo contragolpes, oportunidades para llevarse el partido. Sin buscarlo demasiado, más por errores de la defensa de millos. El partido terminó 0-0, se aburrió el publicó en el Campín y Millonarios sumo su segundo punto de los últimos nueve. Y salvo que ocurra alguno de esos intangibles, alguna de esas sorpresas que hacen tan maravilloso al fútbol, no parece que vaya a suceder algo especial con Millonarios este semestre.
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Twitter: @sebastiannohra




