El Clásico paisa quedó debiendo. Cuando mejor jugaba Medellín, Macnelly Torres marcó la diferencia. Los mejores equipos del país debieron arriesgar más.
Para el clásico, Nacional no se guardó nada y se puso su mejor frac. Defensa habitual de las mejores tardes, Elkin Blanco con Bernal como pivotes; Macnelly como cerebro; como lanzas Berrío en la derecha e Ibargüen en la izquierda; y en punta, el goleador Miguel Ángel Borja.
Rueda apostó por hacer valer el estatus de local y hacerse el dueño del balón. Aunque se ganó la posesión del primer tiempo (52%) y tuvo en Macnelly Torres al ’10’ que todos queremos, el llamado a la Selección Colombia, activo, dinámico y lúcido, Nacional quedó debiendo en la primera mitad. No por la disposición del equipo, que quiso ir al frente, sino por desaciertos individuales, además de la sincronizada y férrea presión del Medellín.
Ibargüen se demoró casi siempre con la pelota, y el vértigo y la creatividad a la que nos tiene acostumbrado se transformó en individualismo infértil. Berrío, que tuvo que salir a los veintiséis minutos por lesión muscular en el posterior, no apareció en el partido y Borja se perdió entre el duelo a muerte que se fijó con los centrales del Medellín: peleó más de lo que jugó. Además, Bocanegra y Farid Díaz no se desprendieron al ataque, lo que hizo que Nacional no tuviera el volumen de ataque que tan poderoso lo hace. Así las cosas, lo mejor que dejó el local fue un cabezazo en córner de Bocanegra y un lejano disparo de Borja.
Medellín, como era de esperarse, también puso toda la carne en el asador. Defensa habitual, con Piedrahita y Valencia como laterales, Hernández y Didier Moreno como volantes centrales, Marrugo como cerebro y capitán, Hechalar y Arias como mixtos y en punta Caicedo.
El plan de Medellín, sabiendo de las posesiones de Atlético Nacional, fue ahogarlo con presión alta y herirlo a velocidad y vértigo. El gran despliegue de Hernández y de Didier Moreno hicieron densa la mitad, una verdadera batalla.
Aunque la presión alta del Medellín puso en aprietos a Nacional y el equipo verde no pudo imponer su costumbre de jugar a placer, el Medellín se resignó a las individualidades a la hora de atacar. Con un Didier Moreno especialmente impreciso y con un Marrugo que no pudo filtrar sus habituales puñales, la opción más clara de Medellín fue una diagonal al vacío de Hechalar que, en fuera de lugar, le apuntó a Franco Armani. También hay que decir que la timidez del lateral Valencia restó sorpresa y posibilidades al ataque del Medellín, que tuvo en la derecha, con el tándem Hechalar-Piedrahita su banda más incisiva.
Para el segundo tiempo, pensando en el espectador, Medellín tuvo más ambición, quiso ser el dueño del balón manteniendo la presión alta. Entonces el partido se convirtió en un clásico amable, golpe a golpe. Primero, cuando por primera vez en el partido Marrugo recibió el balón detrás de los volantes de primera línea de Nacional, el capitán dio una pincelada y habilitó a Caicedo, que perdió el mano a mano con Franco Armani, el mejor arquero del fútbol Colombiano.
Luego, en la dinámica golpe a golpe, Borja cobró a riesgo un tiro libre cerca al área de Medellín, habilitó a Ibargüen que perdió contra David Gonzalez, el segundo mejor arquero del fútbol colombiano. Minutos después Marrugo sacó provecho de la presión alta, recuperó el balón en zona uno de Nacional y habilitó al central Mosquera, que no pudo con Armani. Cuando Arley Rodríguez sorprendió en un centre de Bocanegra que terminó en las manos de Gonzalez, ya era claro para todos que el partido se había abierto y cualquier error o picardía acabaría en gol.
Picardía que llegó al minuto 74′, cuando Borja, a pura fuerza, pivoteó en el área a Macnelly Torres, que comprobando su momento dulce, la mando a guardar: Medellín jugaba mejor pero Nacional tiene, entre otros, a Macnelly Torres… Leonel ingresó a ‘Mao’ Molina por Hechalar, para ponerle un socio a Marrugo, y metió a Cortés por Arias, para buscar la innovación por la banda izquierda que éste no le pudo traer al partido. Luego del gol, el partido entró en un letargo que el espectador lamentó.
En la recta final, Medellín asfixió a Nacional; ‘Mao’ Molina estrelló un tremendo tiro libre en el palo y Armani le frustró un mano a mano a Cortés. El partido se fue con una sensación agridulce, pues aunque terminó emotivo, dio a entender que los equipos se acordaron tarde de la valentía y el arrojo que su grandeza les exige. Podían dar un poco más.
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