Ha sido un privilegio nuestro ser contemporáneos de Jose Mourinho; ser observadores a distancia de la irrupción y evolución de un entrenador fascinante. Un entrenador al que conocemos muy bien porque -entre otras cosas- su carácter nos lo ha permitido, porque su lengua de madera es tan talentosa como los jugadores que ha dirigido.
Conocemos su estrategia de acaparar y absorber atención y artillería mediática para rebajarle presión a sus dirigidos. El jugador agradece que su entrenador se inmole a pecho descubierto contra los medios, como si fuera un manto protector ante la crítica. Pero, ¿por qué en su día todo ello parecía tener valor y hoy no? Porque antes, hace no mucho, al entrenador hablador lo respaldaban el funcionamiento de sus equipos y, sobre todo, los resultados. Por estos días, su discurso y sus pataletas ya no son creíbles. No podemos caer en la trampa.
Mou llegó a Old Trafford para acabar con la racha de tres temporadas decepcionantes que vino tras la salida de Ferguson. Su desembarco llegó junto a una inversión de 200 millones de euros. Hoy, el entrenador cuenta con dos jugadores de alto nivel en todas las posiciones, pero el armado del equipo y de la propuesta no da señales de andar por buen camino. Hay jugadores de alto vuelo que cuentan muy poco para Mourinho (Mata, Mkhitaryan, Martial) y, más la “papa caliente” de Rooney, la gestión de egos parece ser un gran problema.
Además, desde el juego, el equipo tiene tres deficiencias importantes: la velocidad de las transiciones (defensa-ataque y ataque-defensa); el papel y el lugar idóneo de Pogba; y la banda izquierda (lateral-extremo). El primer aspecto es una fase del juego en la que los equipos de Moruinho históricamente han sido sobresalientes. Pero su Manchester es lento y poco coordinado para atacar y defender. En cuanto a lo segundo, Mou tardó seis partidos para caer en cuenta de que Pogba sufre en el doble-pivote. La Eurocopa fue un nítido ejemplo del cual Mourinho no tomó nota. Ahora lo ubicó en el puesto de Rooney, detrás de Zlatan y su rendimiento sigue siendo pobre. Finalmente, en el partido contra el Liverpool el nulo aporte de su banda izquierda en ataque fue alarmante. La diferencia entre Blind y Valencia es muy grande ofensivamente hablando y el equipo queda tuerto.
Es cierto que hasta ahora van dos meses de competición, sí, pero Mou ya quemó el margen de error de la Premier. Su vecino de barrio llegó al mismo tiempo y ya cuenta con un equipo que muestra respuestas colectivas e individuales; ya tiene la capacidad de jugar 45 minutos como el entrenador lo pretende. Eso aumenta la presión en Old Trafford. La paciencia de los aficionados no esta para ser probada y cuatro años fuera de la élite inglesa y europea ya son demasiados.
Después de terminar el clásico de Inglaterra con un 35% de posesión y sin una opción clara de gol, salir a declarar que su equipo ganó táctica y emocionalmente el partido, parece una burla contra la verdad. La sombra de Mou todavía es larga, sin duda, pero después de su última temporada en el Chelsea y estos dos meses, las excusas y la retórica son inaceptables. Estos dos últimos años del Manchester United y de José Mourihno hacen que, por ahora, eso de The Special Ones le quede mejor a otros.