¿Ya sabe dónde va a ver los partidos de la Selección Colombia en la Copa?
Para ver fútbol no se necesita mucho. Los básicos: un televisor decente y un teleoperador que le ponga el partido. Lo demás son añadiduras. ¡Pero ojo!, que el diablo está en los detalles. Entonces vale la redundancia: si vamos a ver fútbol, por favor, que sea en un lugar futbolero.
Por supuesto que usted puede quedarse en la casa, juntarse con su gente y ver el partido tranquilito. Eso está bien para los más nerviosos, para esos a los que los nervios los exceden. Pero si usted es de los otros, de los que se dejan contagiar, de los que les gusta desordenarse, juntarse con amigos y desconocidos, entonces salga, desempólvese y vaya a un sitio…
Pero no cometa el típico error. Futbolero no es cualquier lugar en el que le pongan pantalla gigante. Futbolero es un lugar con tradición futbolera. Y en eso nada, ni el Campín, le gana a un pub. ¿Por qué? Porque la historia del pub es la misma historia del fútbol. Lo uno no existe sin lo otro y viceversa.
Fue en parte gracias a los pubs, y al ritual hermoso de juntarse con la gente a tomar cerveza y hablar de fútbol, que el balón abandonó las más elitistas universidades y conquistó las islas británicas a principios del siglo XX. Los pubs eran populares porque vendían cerveza y el fútbol, en ellos y por ellos, se hizo popular también.
Hubo pubs en los que se fundaron equipos, hubo jugadores profesionales que atendieron a sus hinchas en la barra. Se convirtieron en el epicentro de la cultura fútbol, de la comunidad: copas en las estanterías, camisetas en las paredes, afiches, la cervecita, la comidita, la charla de amigos, todo en torno al fútbol.
No se quede con el televisor, vaya más allá. Si va a ver fútbol, vaya a un pub.



