Si usted es hincha del Bayern, o por lo menos los sigue en redes sociales, habrá visto que el mítico equipo bávaro estuvo en Colombia. Nada tiene que ver con James, esta vez el Bayern se fijó en los colombianos ordinarios, los que viven de la tierra, los que han sido víctimas y victimarios del conflicto armado. Esos que todo el mundo ignora.
Resulta que hace unos años en la región de Montes de María corrió mucha sangre: en Chengue, Ovejas, El Salado y Macayepo fueron masacrados varios colombianos porque se vieron enredados en la fría dicotomía guerrillero-paramilitar. Familias fueron desplazadas, las veredas fueron abandonadas, y de a poco las comunidades desaparecieron. El país hizo un inmenso esfuerzo por acabar el conflicto y con los esfuerzos llegaron también los sueños de las familias por volver a sus casas. Así como se llenaron las cosas de maleza, así fueron volviendo a recuperar sus casas: de a poco. Limpiaron las calles y los caminos, volvieron a sembrar la yuca y el ñame y todo se fue restaurando, todo excepto la confianza. Una línea invisible quedó entre los pueblos, y nadie quería cruzarla por temor, por rencor, y todos esos sentimientos tan pesados que deja la guerra.

Dicen que como en Macayepo nació alias ‘Cadena’ – un paramilitar despiadado responsable de masacres- las otras veredas no se querían ni acercar. Y cuando en Macayepo extendieron la mano de la reconciliación, solo un pueblo la tomó. Fue suficiente. De a pocos lograron reintegrar a Macayepo. ¿Cómo lo lograron? Con la pelota y muchas ganas: organizaron el Campeonato de Integración y Reconciliación de Alta Montaña entre las comunidades de la zona. Dejaron de enfrentarse en la selva y empezaron a enfrentarse entre las líneas de cal, con la pelota al pie, con tacos y paredes y al salir, sudados, primero se miraron a los ojos, luego se dieron la mano, después se abrazaron. “Buen partido compadre”. En la cancha aprendieron a respetarse nuevamente.
¿Y qué tiene esto que ver con el lejanísimo Bayern Munich?
Sucede que en el Bayern Munich no solo juegan jugadores: trabajan personas que se encargan de darle vida a esa institución. Un empleado del Bayern de la oficina de las Américas tuvo acceso a esta lindísima historia de fútbol, conflicto y reconciliación y se sorprendió al ver que en el Campeonato había dos equipos que usaban camisetas chiviadas del Bayern como uniforme. No dudó en buscar la manera de apoyarlos. Un grupo de empleados del equipo alemán voló desde Nueva York hasta los Montes de María para conocerlos, pero antes, los sorprendieron así:
Es lindo ver como los equipos extranjeros se interesan en Colombia. Somos un país que está trabajando para acabar con un conflicto que durante décadas nos ha robado demasiado. Tenemos que reconocer el poder del fútbol para formar país, y aunque el gesto del Bayern es sencillo, es un mensaje de apoyo. Es un gesto pequeño pero poderoso porque es reconocerlos, es reconocer el conflicto, es reconocer los esfuerzos de una comunidad que quiere sanar. Hay que aplaudir al Bayern, no es solo “regalar unas camisetas” es decirles “desde la distancia los apoyamos”. Ojalá más equipos locales se interesen en apoyar estas iniciativas de paz y fútbol, pues, en realidad, los colombianos que viven el conflicto son una mayoría olvidada.




