Millonarios y Cali consiguieron aburrir, aún más que de costumbre, una tarde de domingo. Gracias a la virgen que mañana es festivo.
Ver a un equipo de Gerardo Pelusso jugar de visitante es, de entrada, una invitación a la maravillosa práctica de la siesta. Y hoy tampoco era la excepción. La esperanza de poder pasarlo bien, recayó sobre Millonarios y su capacidad para sobrepasar la muralla propuesta por el Cali. Además, la excitación restante del partido contra General Díaz, ilusionaba con que el baile no hubiera sido cosa de una noche y que podía repetirse sin problema.
Pues nada de eso. Efectivamente Pelusso volvió a jugar su carta favorita: repliegue, orden y juego directo, la misma con la que ganó una Copa Sudamericana y también con la que puso a dormir a todo el continente.
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Millos se estancó en el juego espeso que terminó reinando en la mitad. Corte, falta, empujón, patada. Así, siempre. Y las pocas jugadas que pasaron la jungla de piernas de la mitad, terminaron en remates al palo como el de Carrillo. Óscar Barreto, el único que no jugó en Sudamericana, hoy fue merecedor de la mención especial al casi futbolista. ¿Por qué? Porque realmente en el primer tiempo se vio casi como un profesional, lástima que se quedó en lo amateur por todos esos errores no forzados.
Poco a poco, el partido fue mutando hacia algo más parecido a una partida de ajedrez, esas que solo emocionan a zorros viejos como Russo y Pelusso. Un partido clásico que pierde el primero en cometer un error.
Entraron Carachito, Macalister y Ovelar. Nada cambió. En partidos así, donde el contrario se aglutina atrás, hay que ser una gota sobre la frente del prisionero y caer con constancia y paciencia, una y otra vez, hasta quebrarlo. Millonarios pudo picar la muralla hasta derrumbarla, en cambio se desesperó a punta de puños y patadas. Terminó el partido dentro de la dinámica preferida por Pelusso: mandando bochazos y golpeando para ganar los rebotes.
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Otro empate y otros dos puntos que se pierden en casa. Se fue el primer cuarto del torneo y a este paso, la calculadora volverá a hacer presencia en las últimas fechas.
PD: Profe Gerardo, felicitaciones por lograr que un mano a mano entre Cristian Marrugo y Nicolás Benedetti se viera como un mano a mano entre Árevalo de los Ríos y Walter Gargano: puro estilo uruguayo. Maestro.
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El Espectador





