Lo que se le viene encima al Polilla y al América

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“Hoy es el día más feliz de mi vida”, dijo. ¿Y cómo no? Acababa de salir airoso del reto más peludo de su carrera. Hace un poco más de dos meses, cuando el ‘Polilla’ llegó, el fantasma del descenso ya flotaba sobre el Pascual. La vuelta a la B parecía inminente y en esa situación hasta Mourinho hubiera tragado saliva si le proponían coger al América. Él aceptó. “Si América de Cali me necesita no puedo decir que no”.

 

Pero amar a un club y que en el club lo amen a uno no es suficiente para escapársele a un fantasma tan sanguinario como el de nuestro sistema de descenso. Ya no quedaba margen de error. Hernán se había gastado todos los créditos. El ‘Polilla’ recibió una nómina corta y sin confianza, paralizada por el miedo y con jugadores en un nivel paupérrimo. Además, la hinchada ya daba muestras de desespero y violencia. Una derrota más y todo se hubiera podido haber ido por el desagüe.

 

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No había tiempo ni herramientas para patear la pizarra. Había lo que había. El entrenador entendió que el cambio fundamental debía ser de perspectiva, de actitud. Torres había optado por motivar a sus jugadores a partir del miedo y la angustia, por el contrario, con su optimismo, El Polilla descomprimió la bomba de tiempo.

 

 

Después de su llegada, no vimos al Manchester City, ni mucho menos. El juego soso siguió y las falencias, sobre todo a nivel individual, se mantuvieron latentes. La diferencia fue actitudinal. El técnico fue capaz de absorber él solo la presión y dejó que sus jugadores jugaran tranquilos. Volvió la confianza. El América dejó de huirle al descenso y comenzó a perseguir la salvación. Perseguir en vez de huir, esa fue la clave.

 

Tácticamente, el uruguayo no fue pretencioso, no se inventó nada nuevo. Destruir siempre es más fácil que construir. En la solidez defensiva, entonces, estuvo la diferencia. Después de nueve partido, su equipo solo ha recibido 4 goles, y todos de local; de visitante ha sido infranqueable: no ha hecho goles, pero tampoco le han hecho. Este América ganó todos sus partidos en el Pascual y empató todos por fuera. La famosa “media inglesa”. Si uno quiere salvarse, lo primero es no perder. El ‘Polilla’ todavía no sabe lo que es eso.

 

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Eso sí. Lo que venga de ahora en adelante debe ser diferente. Enfrentarse al Junior no es ideal. Si pierden nadie los va crucificar, claro está, pero entre tanto, ya que pueden dormir serenos, se espera mucho más de estos jugadores. Da Silva ya demostró que sabe vivir en crisis y lo que ha hecho no es poco. Pero ahora, en días felices, con el puesto asegurado y con una hinchada que está en todas, será cuando deba demostrar que es mucho más que un excelente gestor de grupo.

 

Salvarse del descenso es un paso gigante, pero el hincha de equipo grande no tiene memoria. El próximo semestre, ser de primera ya no será suficiente. El Diablo quiere títulos, está sediento. En este negocio la presión nunca se acaba. Es más, esto apenas empieza.

 

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El Espectador


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