La fecha de clásicos es una mediocridad

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La fecha de clásicos se creó con el propósito de enriquecer la liga, pero ha terminado siendo una de las mayores chambonadas de la Dimayor.

 

Esta medida tiene el mismo respaldo teórico de los antiguos cuadrangulares y de las ligas semestrales: un torneo largo al que solo aspiren los grandes aniquila la emoción y la incertidumbre por el resultado, entonces es mejor crear un formato que le dé mayores oportunidades de triunfo al resto de equipos. Así se juegan más partidos y se logran mejores ingresos por taquillas al final del año.

 

Llevamos quince años agarrados a esta idea convencidos de que es la ruta segura al primer mundo. Con 30 campeones bajo el sol de este formato tenemos documentación suficiente para evaluarnos seriamente; para mirar hacía atrás y escribir la historia reciente. Pero sin un trabajo metodológico y académico que respalde este particular y original formato criollo seguiremos a la deriva esperando que a la buena de Dios este sea el camino correcto.

 

Y entre todas las medidas pintorescas que deberían replantearse, la fecha de clásicos es la peor. Hay tres motivos claros que, a simple vista, la hacen una solución terriblemente mediocre:

 

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Competitivamente es injusta. En la fase de todos contra todos los equipos deben jugar dos veces contra su “rival de patio”. Un partido como visitante y otro como local. Contra los otros 19 solo lo hace una vez. La igualdad de condiciones para competir es un principio cardinal del espíritu deportivo. Al igual que un corredor no puede salir adelante de la línea de partida, un tenista no puede servir más adelante que su rival y un clavadista no puede tener más intentos que los demás, un equipo no puede jugar más veces que los demás contra otro.

 

Deportivamente es una locura que el DIM enfrente dos veces al difícil Nacional y Santa Fe solo lo haga una. Por otro lado, este año el Junior jugará dos veces contra el débil Once Caldas; y Millonarios, que pelea cabeza a cabeza con el ‘Tiburón’ en la reclasificación, solo lo hará una vez. Esta es una dinámica indefendible y absurda. ¿Existe algo que justifique que un equipo tenga la ventaja de jugar dos veces contra el peor equipo de la liga?

 

NO es una fecha de clásicos. Después de romper un principio de mínima justicia deportiva, llamarla “fecha de clásicos” es un chiste . Nacional-DIM, Santa Fe-Millonarios y América-Cali son clásicos grandes y tradicionales. Pero de ahí a que a Bucaramanga-Alianza Petrolera, Once Caldas-Junior y Tigres-Jaguares lleve el cartel de clásicos… Que a un partido entre un incipiente equipo de Soacha y un humilde equipo de Montería se le llame clásico es cómico. A parte del paso de Dayro Moreno del Once Caldas al Junior en el 2013, no encuentro que estos dos tengan mucho más en común. De los diez partidos de la fecha de clásicos, estrictamente solo tres lo son. Es la fecha de los no clásicos.

 

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Debilita el encanto de las clásicos. Si esta fecha por un lado pretende imponer artificialmente el concepto “clásico” en un partido de fútbol, por el otro debilita a los que genuinamente sí lo son. Tanto en el fútbol como en la vida las cosas especiales suelen serlo porque son efímeras y espontáneas. Aquello que se convierte en rutina pierde parte de su encanto.

 

Antes, perder un clásico dolía en el alma porque la revancha sería dentro de seis meses. Es decir, toda una vida. Era el partido del semestre. El caso de River y Boca es muy especial porque para un bostero solo hay un superclásico al año en La Bombonera. Solo uno. Y viceversa. El hincha que disfruta el clásico como ningún otro partido se pone su mejor traje ese día, lo espera con ansiedad, se reúne con su combo de estadio mucho antes de lo habitual, celebra los goles el doble y los sufre el triple. Todo es más sensible, más especial. El éxito de tu equipo a costas del fracaso de “ese maldito” es la salsa más dulce del fútbol.

 

En Colombia con la tal fecha de clásicos están matando esa cultura. Ese paréntesis único y sagrado del calendario. Entre el doble partido al semestre y la Copa Colombia se están jugando entre cuatro y seis clásicos al año. Acá, el clásico dejó de ser especial hace mucho. Es una sonrisa que nos quitó la Dimayor.

 

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Foto: goal.com


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