La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón
La doble moral y las contradicciones reinan en nuestra tierra. Hace unos meses, cuando Arturo Reyes decidió no convocar a Ian Poveda y Eddie Salcedo a la Selección Sub-20 por haber nacido y haberse formado en el extranjero, muchos lo consideraron un acto de nacionalismo radical. Ahora, muchos de los que se indignaron por la negativa a los dos pelados pusieron el grito en el cielo porque Germán Ezequiel Cano está en proceso de nacionalizarse y quiere jugar en la Selección Colombia. Para estos, llamar a Cano sería una contratación mercenaria y un acto injusto con los “colombianos” que merecen jugar en la Selección. Y entonces, ¿en qué quedamos?

Como Poveda y Salcedo, que tienen derecho a ser colombianos por ser hijos de colombianos, Cano tiene derecho a lo mismo por ser latino y haber vivido en Colombia durante más de un año con visa de residente vigente. Ante la ley, Cano podrá ser tan colombiano como Salcedo, Poveda, Falcao y James, tan colombiano como usted y como yo. Sin misterio ni mística de linajes a lo Game of Thrones, la nacionalidad no es nada más que una ficción jurídica.
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Y maravilloso, porque lo que en verdad debe importar es que el o la futbolista que vista la camiseta de la Selección, en cualquiera de sus categorías, sea un buen profesional, se comprometa y tenga el nivel necesario para hacer parte del equipo. Arturo Reyes, Carlos Queiroz, Nelson Abadía o cualquier otro que tenga la tarea de hacer una convocatoria debe mirar los factores deportivos y profesionales de aquellos que cumplan con el requisito principal de ser colombianos (y no haber jugado para otra selección mayor, en el caso de las selecciones absolutas). Cualquier otro factor que entre en la ecuación, corre el riesgo de ser un acto de discriminación.
Claro que se puede discutir si Cano le pisa los talones a Radamel Falcao, Duván Zapata, Muriel, Morelos, el Cucho, o cualquier otro, pero si llegará a nacionalizarse colombiano, su lugar de nacimiento y su acento deben salir inmediatamente de la discusión. Que al goleador del fútbol colombiano se le juzgue por su fútbol y por nada más. Que sea Queiroz el que decida si su momento, sus goles y sus récords en nuestro fútbol son argumentos suficientes para ponerse la de la Colombia. Punto.
El argumento de la sangre, de llevar los colores en la sangre, es absurdo y ofensivo. Cavernario. Muchas selecciones del mundo tienen historias maravillosas de extranjeros nacionalizados que engrandecieron al equipo de su segunda patria. Recordemos que Francia, la campeona del mundo, está compuesta en su mayoría por inmigrantes e hijos de inmigrantes que representan con orgullo a su país. Recordemos que nuestros últimos dos seleccionadores han sido extranjeros y que eso no les ha impedido entregarse por completo a la causa.
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Si Germán Ezequiel Cano se hace colombiano, lo invito a que se gane un lugar en la Selección. Verlo de amarillo sería bueno para nuestro fútbol y, sobre todo, para nuestro país.
Foto:
James y Falcao: RCN
German Cano: As



