La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.
Desde hace un rato hay una vaina que me tiene irritado. Es algo completamente ajeno a mí, algo que en realidad no debería afectarme, algo que con seguridad no tiene la trascendencia que yo le estoy dando, pero es algo que no puedo ocultar: la ingratitud de algunos colombianos con Falcao me rompe las bolas. No es un tema sencillo. Defender el fútbol actual de Falcao no es fácil, y mucho menos cuando Colombia tiene tantas opciones ofensivas. Pero así no es.
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Muy buenas razones tienen los que dicen que Falcao ya no debería ser titular. Pero más allá del fútbol, la proliferación en redes sociales del #NoMásFalcao me descompone. Me enerva la composición del numeral: el “no más” es el mismo que se usa para decir “#NoMásGuerra”, “No MásLíderesAsesinados”, “NoMásRatasEnElCongreso” y así mil ejemplos negativos más.
Me indigna y hierve la sangre ver que a Falcao se le trate como una plaga. “El país del sagrado corazón no tiene memoria, no se desgaste” me han dicho. Pero no me joda, todos tienen memoria para recitar el primer párrafo de Cien Años de Soledad y hasta para repetirme que las estirpes están condenadas a repetirse, bla, bla, bla. Tienen memoria para “las estirpes” pero no para los dos golazos que Radamel le hizo a Paraguay el 12 de octubre de 2012 al minuto 52 y 89. ¡Vamos! ¡Fue un viernes, vamos a acordarnos!
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Y escojo comparar a Falcao con los numerales que usamos los colombianos y con Cien Años de Soledad porque este tipo que nació en Santa Marta es de lo mejor que dado nuestra tierra. Por lo básico: es el goleador histórico de la Selección Colombia, fue el mejor delantero de Europa durante un año entero, se rompió la rodilla y volvió para hacer gol en el mundial. Pero además porque el nueve es un tipo decente: no tiene escándalos por acoso sexual y resolvió su problema fiscal con prontitud sin hacer show ni escándalo (como otros jugadores). Súmele que su fundación se enfoca en promover el desarrollo de la niñez en poblaciones vulnerables a través del deporte, la recreación y la alimentación. No lo voy a poner en un pedestal, pero es un buen tipo.
De cualquier manera, para mí hay que seguir llevándolo a la Selección. Le sostengo a cualquiera que el gol de Roger contra Argentina solo fue posible por el espacio que Otamendi y Pezzella abrieron al estar los dos cuidando que Falcao no se escapara. Todavía tiene fútbol, y tiene ese ingrediente especial que se necesita en la cancha y el camerino. Quizás no de titular, pero Falcao tiene que ponerse la camiseta de la Sele.
Cierro con la frase de un gran amigo mío: hay que ser duro con el tema, no con la persona. Por fin nos damos cuenta de que Radamel es humano y el tiempo se ha acumulado en su cuerpo. Ya no juega igual, y quizás usted no quiere que sea convocado, es válido. Pero no use el horrendo #NoMásFalcao. Radamel no es un virus. Respete el legado y deje que se retire tranquilo. ¿Después de aguantarse a Sergio Barranca Herrera, a Edixon Perea, a Edwin Congo, ahora no se va a aguantar a Falcao un ratito más?
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