La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.
La historia tiene dos caras, y ambas se ajustan al título ambiguo de esta columna. Se puede decir que la “poderosa” Selección Colombia merece mucho más que un lateral del fútbol mexicano que nunca —por la razón que fuere— supo aprovechar las oportunidades que se le dieron. Una postura válida: ir a los hechos, revisar lo que ha hecho y asumir que Stefan Medina no tiene el cuero para ser jugador de selección.
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La otra, sin embargo, parece más honesta. Colombia no merece a Stefan Medina, y no lo merece porque simplemente no lo conoce. Su primera aparición con la Selección, sí, fue ciertamente desafortunada. Jugó mal y también tuvo mala suerte: aunque no fueron solo responsabilidad suya, ese día contra Uruguay apareció en la foto de los dos goles. Después vino el recordado 3-3 contra Chile, en el que todo el equipo tuvo un primer tiempo para el olvido y el único señalado —sin importar la proeza— fue el joven Medina. A partir de ahí, este país barrabravil, apoyado en las caras más prestigiosas de nuestro malintencionado periodismo deportivo, montó una campaña inédita de cyberbullying y de desprestigio.
Fue injusto, pues encontramos en él un vertedero sobre el que escupir nuestras frustraciones, alguien a quien culpar de los males del equipo. En la eliminatoria para Rusia, en el partido contra Brasil, Pékerman hizo un planteamiento horrible, todos jugaron mal, pero lo más fácil fue crucificar —otra vez— a Medina. Se sintió tan natural, tan placentero, tan reconfortante, que arbitrariamente descartamos (e irrespetamos) a un lateral en mayúsculas, de esos que Colombia no sabe producir. Se se nos olvida que cuando apareció, cuando apenas era un niño, Juan Carlos Osorio dijo de él que era uno de los dos mejores jugadores del fútbol colombiano. Sólido en defensa, suelto en ataque, buen primer pase, técnico, líder, polifuncional… todo lo que hace años no vemos en la Selección.
En vez de pensar un poquito, acá preferimos decir que su llamado a la Selección era un cometazo de Pékerman. En vez de acobijarlo y darle confianza, le dimos la espalda. Pensar que si hubiéramos sido tan rigurosos con el resto como lo fuimos con él, muchos de los que son figuras de la Selección no estarían ahí. Cuadrado, el primero.
Sin fundamento y por deporte, en Colombia decimos, repetimos como loros, que Stefan Medina es un tronco. Y resulta que no. Resulta que es uno de los jugadores más destacados de la liga mexicana, anda en un nivel altísimo y, jugando de lateral o de central, es un bastión del Monterrey finalista de la Concachampions.
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Al final, el daño ya está hecho. A pesar de que Colombia hoy carece de suficientes laterales, sin importar la crisis de juego de nuestros centrales, pensar en que vuelva Stefan parece un mal chiste. ¿Quién puede, más bien, quién quiere jugar ante la mirada despectiva de todo un país? Además, Queiroz no es bobo y no querrá rebullir las aguas.
Ahora, parece, y hay quienes inflan el pecho, logramos que hubiera motivos contundentes para no llamarlo. A punta de memes descartamos a un excelente jugador que habría podido ser muy importante de cara a lo que viene. Hoy, más que nunca, Colombia no merece a Stefan Medina.
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Deportes RCN






