El fútbol castiga a los miedosos. Santa Fe pudo meterse en el partido, voltear la serie y unirse a la fiesta de los cuartos de final, pero un penal lo petrificó. La falta de jerarquía de sus jugadores le pasó factura.
Una lanza sin punta
Santa Fe, que surfea la Liga Águila, es un equipo chato. En el torneo local ha conseguido los resultados necesarios para estar en lo más alto de la tabla siendo un equipo compacto que pega y resuelve los partidos cuando lo tiene que hacer. Sus individualidades brillan cuando tiene que hacerlo (Morelo, Tesillo) pero sobre todo el colectivo siempre relució.
El colectivo entendido como una lanza, una lanza compuesta por la vara y una punta. Compuesta por dos partes, en el juego dos fases. Hoy el rojo solo fue vara. Sin punta, Santa Fe no fue peligroso. Juntó sus líneas y a los trancazos se plantó en campo paraguayo, pero nunca generó peligro ni asustó al arquero Servín.
La lanza con la que Gregorio Pérez salió a la batalla en El Campín fue muy débil en lo fútbolísitco. Sí, Santa Fe corrió, pegó y metió, como siempre, pero cuando necesitó jugar, generar peligro y hacer goles, fue chato. La solidez y garra santafereña sin punch, sin gol, es igual de útil que una lanza sin punta.
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El equipo geriátrico
El plan de Fernando Jubero fue cuidar la mínima diferencia que su equipo consiguió en Paraguay. Para esto planteó dos líneas de cuatro. Dos líneas a lo paraguayo: juntas cerca de su arco y manteniendo el balón lejos, a punta de pelotazos, de su arquero. La posibilidad de hacer daño la relegó a las pelotas quietas. Pare de contar.
Esta propuesta terminó de materializarse con los intérpretes que alineó. Apostó por experiencia y horas en el campo de batalla. De los once que arrancaron en El Campín, sólo dos, Cardozo (22) y Medina (20), están por debajo de los 28 años. El resto, liderados por el veteranísimo Paulo Da Silva, los soldados de mil batallas Candia, Alcaráz, Salcedo y ‘Tacuara’ Cardozo, completaron quizá el que es el plantel más veterano de la copa.
La altura de la capital, sumada al promedio de edad y a la convicción de cuidar el resultado mínimo, presentaron el escenario perfecto para los intereses guaraníes. Plantaron y jugaron un partido como mejor les convenía. Sus veteranos no tuvieron que desgastarse físicamente. Fueron una muralla que Santa Fe no pudo franquear. Como unos viejos zorros cambiaron por gol la única jugada de peligro clara que tuvieron en Bogotá.
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Buitrago y diez más
Ante la ausencia de un delantero, referencia de área, goleador que pudiera jugar la copa, Pérez probó con Pajoy y Plata como delanteros. Ambos han jugado en la liga colombiana como extremos y es bien sabido por todos que tampoco son goleadores. Por eso, cuando al León le tocó salir a buscar el resultado se encontró sin ideas y mucho menos soluciones para revertir la historia. Se encontró con dos individualidades que nunca se complementaron.
Por eso, con el ingreso de Daniel Buitrago el rojo recibió un nuevo aire, una propuesta diferente en la búsqueda de revertir el marcador. Con el paisa en cancha el equipo de Gregorio cambió, un poquitico, la cara. Fue Buitrago el único que intentó jugar fútbol, asociarse, construir juego para herir al rival. Buitrago fue el mejor jugador de Santa Fe. Pérez tiene en él a un jugador ideal para complementar el ataque cuando Morelo sea la punta de la lanza.
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