La Selección de Venezuela empató 0-0 con la Selección de Perú.
Antes de que Roldán soplara el silbato, era imposible no fijarse en las sillas vacías, en el silencio que se apoderaba del estadio, como si fuera un partido a puertas cerradas. La cosa pintaba aburrida, la verdad. Pero en los grupos de WhatsApp todo los hinchas de Millos nos recordaron que en cancha estaba el gran Wuilker y que él mejoraría la tarde. “Será creerles” pensamos.

Wuilker de arranque no nos devolvió la pared. En las primeras jugadas pecó por ansioso y sin el VAR hubiera hecho el primer papelón de la Copa. No todo andaba mal en Venezuela: Murillo, una culebra que se sentiría en casa en la Liga Águila, se robó las miradas con su cintura y su gambeta. Pero el partido no se jugó al ritmo caliente de él, se jugó al estilo de los dos centrales gigantes de Venezuela: Chancellor y Villanueva.
La selección de Gareca estuvo confundida la mayor parte del tiempo. La locomotora Advíncula y la ‘Foquita’ Farfán fueron los más activos. El primero fiero por la banda y el segundo movedizo, bajando al medio para recibir y liberar al Paolo. Pero Guerrero, el monstruo, se quedó en las tinieblas. Lo sacaron de la luz, y no pudimos ver sus diagonales, ni su punch, ni su empuje.

Pero, de pronto, la expulsión del lateral izquierdo de Venezuela cambió todo. Perú, con ‘Orejitas’ Flores y un Paolo más movedizo, se acercó y despertó a Wuilker que saltó por ahí y por allá; que pagó la entrada (de los pocos que asistieron) con una de las mejores atajadas de la historia de la Copa América; que dominó a Guerrero cómo dominó a Messi; que fue el héroe de un país entero.
PD. “Se los dije” dijeron los de Millos. Pero, ¿será qué vuelve después de esta?



