Los hinchas de verdad somos más

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En Cali, atentos, nos dejamos impresionar por la belleza del Pascual Guerrero, vestido todo de rojo. En Medellín, un Atanasio Girardot vibrante dejó ver la ilusión de la hinchada del DIM para este semestre. En Bogotá, lo mejor del 0-0 entre Santa Fe y Patriotas fue el acompañamiento masivo de la hinchada del primer campeón, que para este semestre cuenta con la cifra récord de abonados en su historia. Tres estadios, tres carnavales. Cualquier desentendido diría que el fútbol colombiano,y sus estadios, volvió a ser una fiesta.

 

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Pero no. No lo es. No lo es porque mientras nuestro fútbol siga dejando titulares de delincuentes camuflados de hinchas que aprovechan su disfraz para despachar su peor violencia, no hay fiesta posible. En Medellín, supuestos hinchas rojos en la tribuna occidental baja requisaron a los asistentes –¡guiados por su color de piel!– para comprobar si algún simpatizante del Cali se encontraba en la tribuna. 45 riñas se registraron adentro del estadio. ¡45! En Cali, el bus de Nacional llegó al estadio con los vidrios rotos y debió salir escoltado. Afuera, una cámara de seguridad logró captar a pandilleros con la camiseta del América robando a un transeúnte desapercibido. Un joven apuñalado y dos heridos cerraron el balance.

 

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Aunque la situación ha mejorado, igual es nauseabunda. Si somos serios, los hinchas de verdad, y los periodistas y todos los que queremos este deporte, no podemos sino asquearnos con lo ocurrido (esta vez) en Cali y en Medellín. Si somos serios, nos viene bien la pregunta de si no es mejor tener estadios vacíos pero pacíficos, que estadios llenos manchados de sangre. Nos viene bien EXIGIRLE a nuestros clubes que se desintoxiquen de los violentos: que tengan tolerancia cero con las bandas organizadas que se camuflan detrás de sus colores. Que los barrabrava, como todos los ciudadanos, se vean obligados a comportarse civilizadamente en el estadio. Que no tengan en las gradas, nunca más, un terreno sin Dios ni Ley, que no puedan hacer en el estadio lo que hacen en la sala de su casa.

 

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Al periodismo y al hincha sincero no le corresponde sanear al fútbol, eso es de otros, de los clubes y la Dimayor. Lo que sí debemos hacer es empezar a llamar a las cosas por su nombre: a los hinchas hinchas y a los criminales criminales. A no meternos en el mismo saco de los violentos. Una cosa es vivir la tensión del partido, sufrir, gritar, hasta putear y otra muy distinta es intentar entrar al estadio con un machete del tamaño de la espada de Bolívar para apuñalar y amedrentar.

 

Los hinchas, los de verdad, somos más y mejores. Debemos hacérselos saber. Que los criminales no vuelvan nunca más.

 

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Foto:

 ElColombiano


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