La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón
Nacional, otra vez Nacional campeón. De nuevo al último minuto. Otra vez a costas de un proyecto hermoso, romántico, como este Once Caldas de Bodhert. Volvió la burra al trigo: “la gran institución deportiva del país” dio otra demostración de autoridad y de jerarquía y, en un aparente semestre gris, ya salió campeón en Copa y terminará clasificándose en Liga… para seguramente, otra vez, pelear por la estrella.
Enhorabuena. Felicidades, verdolagas. Son tan diferentes al resto, la infraestructura de su club es tan superior a la de sus pares, y su chequera tan inalcanzable, que aun cuando la están pasando mal y se les filtran los escándalos y los demás disfrutamos con su vulnerabilidad, ustedes se coronan. “Pá que afinen pues”. Ganan sin descanso. Ganan por costumbre. Es como si su éxito marcara el orden natural de las cosas…
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Son otra vez campeones y entonces toda la prensa oficial, y el resto también, deja bien claro que “El verde es el papá del fútbol colombiano”. De tantos especiales sobre sus títulos uno como que se confunde, ya no sabe quién ganó qué, ni cuándo; pero son aplausos merecidos, de verdad: cuando se gana tan seguido todo intento de conspiración se queda en excusa chimba.
Y sin embargo… no sé, algo les falta. Ya no dan envidia y cada nueva copa que levantan a los “demás” ya no nos duele. Por lo menos a mí me pasa que al verlos ahí, repitiendo su coreografía de papeles picados y copa al aire, un semestre sí y el otro también, no se me despierta ni la rabia, ni la frustración, ni la amargura.
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Es que les falta calor y lealtad. Hoy Nacional me parece un rey amargo que a pesar de sus banquetes, su esposa hermosísima y su caterva de siervos, en las noches sueña con mezclarse con el vulgo y saborear su felicidad. Este semestre nos tocó ver, hasta la final, a un Atanasio apático, frío y semivacío. Borrachos de gloria, soberbios, se han ido olvidando de apoyar en las malas. Arribistas, condenan prematuramente a los suyos si no juegan como el Barcelona.Y eso, pues el tiki taka les aburre. Les falta calor porque se han hecho insaciables. Les falta poesía porque se han vuelto desagradecidos.
Y es que les falta arraigo, me digo. Si uno revisa la alineación de Nacional anoche, podrá ver, clarita, su estrategia depredadora en los últimos años: fichar todo lo que brille en el fútbol colombiano. Lucumí, Vladimir, Deiver Machado, Henríquez, Rivas, Omar Duarte, Jorman… a todos les pagaron por venir, ninguno se hizo en casa. Es un equipo de mercenarios, qué le vamos a hacer.
Y es que les falta juego. Este Nacional no es una máquina como la que ganó la Libertadores con Rueda. Más bien, como el Madrid de Zidane, es un equipo práctico que se vale de sus apellidos ganadores y pesados. Y que aburre, que a pesar de siempre ser competitivo, aburre en serio.
Así que no, amigos verdolagas, no dan envidia. Les falta poesía, esa que le sobró al Tolima en la final pasada y que, espero, les siga faltando en las finales de esta Liga.
Termine con: Nacional vs. Once Caldas: La jerarquía no se improvisa
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