La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.
Son chimbos esos reconocimientos individuales en un deporte plenamente colectivo. Lo serán siempre, incluso cuando se unifiquen los criterios. Los números son números; exactos, pero incapaces para contarnos todo lo que pasa sobre una cancha. Así de buenas serán las contraprestaciones del ‘The Best’ que, año a año, la FIFA se mete voluntariamente en el ojo del huracán con la entrega de unos galardones llenos de controversia, que no ponen de acuerdo a nadie y que, de vez en vez, birlan toda objetividad.

Messi, Van Dijk, Cristiano: el ganador, cualquiera, hubiera generado controversia. De los tres se habría podido explicar por qué sí y por qué no. Entonces, si escoger “bien” a uno entre tres es jodido, ni hablar del famoso FIFPro World XI que premia a los once mejores según su posición.
El tema de la posición definida, por ejemplo, de entrada es problemático. Pero lo más jodido de este famoso once es que es el resultado de una votación entre futbolistas profesionales de cada una de las 211 federaciones asociadas a la FIFA.
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Por eso, si los elegidos no nos cuadran, se vale decir que esto se debe a la falta de criterio de los futbolistas para dejar atrás sus gustos personales, la parcería con uno o con otro; quizá también a un desconocimiento del espíritu del galardón. No porque sean incompetentes para elegir, sino porque son tipos con sesgos –como todos– a los que se les hace un pregunta abierta que no podría contestar “bien” ni un computador, pues los algoritmos requieren parámetros de los que carece el premio.

Por eso no están Trent Alexander-Arnold y Robertson, ni tampoco Mané y Salah. Por eso nada de Bernardo Silva, nada de Sterling. Por eso tantos nombres legendarios que a pesar de tener temporadas flacas, o comunes, siguen tomándose la foto por su resonancia mediática, por la empatía que generan, por la tradición.
Podemos estar de acuerdo o no, pero abstengámonos de montar teorías de conspiración. Estos premios son puro mercadeo; lo son de frente y no quieren ser nada distinto. Por eso el mecanismo, por eso se publican los votos: se juega de antemano con la inzanjable subjetividad y con los números millonarios que mueven tipos como Marcelo (por no decir más).
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Nosotros, los aficionados, solo tenemos dos opciones: disfrutarlos como son o ignorarlos por completo. Indignarse es como ponerse bravo en un concierto de reguetón porque las letras de las canciones son obscenas.





