Tranquilo, amigo, yo ya pasé por ahí. O bueno, no sabría decir si ya pude deshacerme de esa traga tan maluca, pero qué se le va a hacer. Ya que usted está de ese lado, y yo de este, hagámosle porque qué más da. Yo también estuve absolutamente convencido de que James Rodríguez era un jugador especial. “¡Y lo es!¡Lo es!”, podrá estar gritando usted detrás de la pantalla. Y sí, especial es, para nosotros siempre lo será; pero para el Mundo (así con mayúscula, el Planeta Fútbol) lo es cada vez menos y de eso, tarde o temprano, había que hablar.
Y, tranquilo, aquí no se trata de agarrar a patadas al ídolo de todos. Porque, nada qué hacer, juegue como juegue y esté donde esté, James va a seguir siendo eso: nuestro ídolo. Nadie nos va dar lo que nos ha dado y puede ser que nunca más esté país vaya a parir a alguien como él. Eso es un hecho. Sin embargo, también es un hecho que ese zurdito por el que se moría media Europa, que la descocía en el mismísimo Real Madrid, que se perfilaba como uno de los más grandes candidatos a ganar el Balón de Oro y suceder en el trono a los extraterrestres y que nos hacía soñar con ganar el Mundial ya no es lo que era antes. Y, ojo, por culpa de nadie diferente a él mismito. Aquí tampoco se trata de repartir culpas e hijueputazos entre calvos, croatas, españoles y alemanes.
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Cambiando un poquito de tema: oiga, la prensa colombiana no se cansa de divertirse con obviedades. ¿No cree? Nomás se anunció el regreso de Zidane al banquillo del Madrid y empezaron a decir –tan agudos en el análisis, tan expertos en hablamierdería– que James, en caso de volver al Madrid, la tendría muy de pa’rriba. Carajo, cómo si no la tuviera peluda desde mucho antes. ¿Alguno cree, objetivamente hablando, que James David tenía alguna chance de volver al Real Madrid y convertirse en el nuevo CR7?
No, desde luego que no. Mucho menos después de ver cómo ha jugado lo que va de temporada. Ayer el Bayern se quedó afuera de Champions y con James de titular, para que no vengan los desentendidos a decir que no lo ponen y repartir insultos en lengua serbocroata. Ah bueno, y no solo de titular, Jamesito también jugó de engache y de intrascendente, de invisible, de lo que juega hace ya bastante rato en sus clubes. Amigo, por favor, admitámoslo, la pasión no puede cegarnos.
El Bayern no se va a quedar con él. Y el Madrid tampoco. Lo mejor que puede hacer es empacar sus maletas y largarse. La cuestión es a dónde; y aunque usted no me lo está preguntando, yo le diría que ojalá ni a la Juventus ni al PSG ni muchísimo menos a un equipo de la áspera Premier League. El pibe es especial, sí, pero no tanto. Que se vaya a un equipo en el que lo quieran y lo consientan, a uno que pueda ser para él lo que River ha sido para Juanfer.
No, parcero, ya es momento de sacarnos esta traga maluca. Jamesito tiene que aprovechar los minutos que le quedan de su cuarto de hora. Y seamos sinceros: pueden ser pocos.
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