Pocos equipos han tenido un camino tan arduo para llegar a la Orejona como el Tottenham. Por eso, para honrarlo, repasamos la tragedia griega del gran Pochettino y sus guerreros.
Los tres primeros partidos de grupos dejaron un panorama negro. El Inter les remontó en los últimos ocho minutos en San Siro; el Barça les clavó cuatro en Wembley y al PSV apenas le sacaron un empate. Un puntito de nueve…
En la vuelta, entonces, la cosa no emocionaba ni al más optimista. El gol del PSV a los dos minutos en Wembley puso a temblar todo, mas un doblete sobre la hora de Kane fue el primer milagro de los muchos que vendrían. Luego, Eriksen —también sobre la hora— consiguió los tres puntos contra el Inter y a la última jornada llegaron con la obligación de ganarle al Baça en el Camp Nou si querían depender de sí mismos. No fue victoria, fue empate con un gol Moura a cinco minutos del final, pero afortunadamente (por otro milagro) el Inter fue incapaz de ganarle en San Siro al PSV.
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De milagro se metieron a octavos… Milagro, milagro, acostúmbrese a la palabra.
El 4-0 global que le endosaron al Dortmund fue un respiro, un resultado holgado para espantar a los fantasmas de la pasada edición y esos tres minutos nefastos en los que Higuaín y Dybala le dieron vuelta a una llave que parecía sentenciada. El sorteo, como si tuvieran la peor suerte del mundo, los cruzó con Pep Guardiola y sus propios fantasmas.
La ida fue una partida de ajedrez en la que una patada violenta de Delph sacó a Kane alzado en hombros. Hablando de mala suerte… Sin embargo —ya cuando el goleador estaba llorando en las duchas—, apareció Sonny, el hombre de la temporada, que fue hasta la línea por un balón que todos daban por perdido, giró y la clavó. Advantage Poch.
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La vuelta fue el partido de la temporada. Un circo salvaje, siete goles, cinco en veinte minutos, el VAR que concede, el VAR que anula, poco fútbol y mucha polémica. Con el pitazo final, el City volvió a quedar en el camino y los Spurs se aferraron más que nunca a su frágil sueño.
La guerra contra el Ajax es la portada de esta tragedia griega. Tres tiempos de dominio de los niños que enamoraron a Europa y el Tottenham llegó al descanso del partido de vuelta en Ámsterdam perdiendo 0-3. “No nos vamos a rendir”, fue el grito del capitán Hugo Lloris antes de salir al campo y lo que vino después hay que verlo para creerlo:

En 45 minutos, Lucas puso su nombre tres veces en el tablero y la bendita norma del gol de visitante terminó de obrar el (¿penúltimo?) milagro. ¿Qué le dijo Pochettino al Dios de la Muerte? Not Today. Lo mismo que le viene diciendo desde octubre.
En Inglaterra, a pesar de que Kane anunció que estará en la final, ya tienen listos los memes con las estanterías de los Spurs vacías y difícilmente alguien —excepto algún diablillo de Manchester— le desea el mal a Klopp. El favorito viste de rojo, pero después de haberse levantado tantas veces de entre los muertos, pareciera que el Tottenham todavía tiene un propósito pendiente. Luego de haberse visto eliminado prematuramente en octubre, Pochettino está a un partido de meterse en la historia gorda de este deporte.
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