La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.
Se estaban demorando. América perdió tres partidos seguidos y al Pecoso lo echaron, lo echaron a pesar de ir quinto y estar a un par de puntos de la clasificación. Teorías hay varias: que ya tenían arreglado a otro entrenador, que le hicieron el cajón, que hay un director deportivo españolete que lo llevaba en la mala, que se mamaron de su estilo frentero hasta lo vulgar. Por el motivo que sea, el hecho es que Pecoso se va y su “salida”, otra vez, deja de manifiesto que en nuestro fútbol precario y mal administrado ser entrenador es un trabajo desagradecido, un trabajo desechable.
Aquí ya no hay lugar para los viejos. No hay respeto por la experiencia, por las canas. Tres partidos malos y hasta luego, que venga uno más joven, con más pergaminos a solucionar esto. Y viene la paradoja, porque realmente tampoco hay lugar para los jóvenes. No importa lo preparados y lo estudiados, a los nuevos siempre les falta experiencia para coger un proyecto estable y con proyección. En este arrabal adicto a las improvisaciones, los novatos solo nos sirven para mandarlos a la guerra, y sin fusil. Eso, en todo caso, es lo que demuestra el manejo que le han dado al tema de Bedoya en Santa Fe. “Técnico interino”. Un lindo eufemismo para referirnos al chivo expiatorio de una directiva que se niega a reconocer su propio fracaso.
Conozca las apuestas especiales de la Liga Águila
Tampoco hay sitio para los trabajadores consagrados, para los que a punta de moler se han sabido ganar el pan por fuera. En Junior ya quieren la cabeza de Luis Fernando Suárez, que dizque porque su compromiso era llegar y, ahí mismo, ganar la Libertadores. Y si no sale campeón, a Jorge Luis Pinto le va a pasar lo mismo en Millonarios.
Aquí, en este nido de impacientes, solo sirven los resultados (títulos) inmediatos. Los directivos se jactan de traer grandes apellidos para comandar grandes proyectos, pero esos “grandes proyectos” tienen que darse en seis meses, porque si no, de repente, los “grandes apellidos” ya no son tan grandes. Luego, si no los echan, aparecemos los hinchas, violentos, a echarles en cara el sueldo, a maltratarlos, a calumniarlos… Hasta que se hartan y se van a un lugar en el que los tratan dignamente, en el que los aguantan y en el que, a fin de cuentas, terminan triunfando.
¿Será que todos los viejos están pa’ jubilarse? ¿Que todos los novatos son analfabetas? ¿Que todos los consagrados son unos vendehumo? ¿Y que todos los extranjeros son unos aparecidos? ¿Será? ¿Será que no hay un mínimo resto de culpa en los jugadores? ¿Ni en las directivas, ni en la prensa, ni en las hinchadas? No nos sirve nadie. Ser técnico en Colombia es un viacrucis.
No deje de leer: John Pinilla, el mejor micrero de la historia
Foto:
Marca











