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Lo que era Colombia antes de Pékerman

2018-09-05T13:20:58+00:00 5 septiembre, 2018 |

Psicólogo en desuso, editor aficionado y futbolista recontra frustrado.

3 minutos de lectura

La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.

Primero, hablemos mal de Pékerman. Digamos que no ganó ningún título, que en los últimos cuatro años la Selección nunca jugó bien, hablemos de sus convocatorias extrañas, de su hermetismo sepulcral. Recordemos lo acomplejados que nos vimos contra los ingleses. Todo verdad. Todo quedó escrito y puede ser revisado e investigado. ¿Listo?

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Pero si el ánimo es de investigar, entonces sigamos de largo. Abramos los libros de historia y descubrámonos. Ahora que nos sentimos tan importantes, que hemos estado en el Top 10 de la FIFA, que nuestros jugadores se pavonean en la crema del fútbol europeo, es lindo recordar la miseria de la que venimos.

Al Mundial del 62’ tenemos que referirnos, pues es nuestro mito fundacional. El gol olímpico de Marcos Coll a la Unión Soviética fue suficiente para que nos aguantáramos ¡tres décadas! sin ir a un Mundial. Ahí todavía éramos naturalmente humildes, no nos habíamos creído el cuento, pues no había cuento. Luego vino la bonanza de los noventa, que se quedó en nada por el exceso de folclor, de narcotráfico, de falta de profesionalismo y de servilismo con el periodismo marrullero.

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Eso éramos y por eso estuvimos dieciséis años sin ir a un Mundial. Dieciséis años de decepciones anticipadas, de normalizar la derrota, de falta de autoestima y de premios de consolación (mejor léase la Copa América más descafeinada de la historia). Dieciséis años estuvieron los periodistas mala sangre haciéndole fuerza a Brasil y el día que volvimos a una Copa del Mundo, como no les pusieron colchón en la concentración, entonces decidieron que todo mal.

 

 

Dieciséis años en la clase media baja del continente. Apenas un escaloncito arriba de selecciones a las que hoy, muy chachitos, miramos por encima del hombro. Para 2002, 2006 y 2010 nos quedamos afuera luego de procesos a priori decepcionantes e inestables. Es verdad que no teníamos los jugadores que tenemos hoy: el ‘Tigre’ Castillo no es lo mismo que Falcao, el ‘Pelicano’ Banguero podría ser un tobillo de Carlos Sánchez y como James no ha habido otro. Uno por uno, la comparación sería tan larga como chistosa.

Sin embargo, el error es suponer una cuestión unidireccional: “ahora tenemos más cracks ergo ahora tenemos una buena Selección Colombia”. La cosa no funciona así. Si nuestros jugadores son lo que son hoy en día, una gran porción de ello se la deben a la Selección. Ha sido un círculo virtuoso que se retroalimenta. No fue solo decencia el movimiento en redes sociales de los capos de Colombia, que se volcaron a agradecer a Pékerman por sus enseñanzas, por su profesionalismo y por haberlos hecho mejores.

Los mensajes de los capos de la Sele para Pékerman

“Me has hecho creer que soy mejor de lo que pensaba”, escribió James en Instagram. Eso fue lo que hizo el viejo: hizo que nos creyéramos mejores de lo que realmente somos. A los jugadores y a los hinchas. Un “engaño” necesario y un relato transversal a todas las hazañas personales y colectivas en el deporte y en cualquier otro ámbito. Autoeficacia, le dicen en psicología.

 

 

Luego, consecuencia de esto y de un trabajo técnico serio y profesional, vinieron los resultados. En ocho años, fútbol más y fútbol menos, fuimos animadores de dos Mundiales y nos ganamos el respeto del planeta fútbol. Respeto que, creemos, nos merecemos y ahora exigimos. Así logramos dar un paso al frente, uno que no habíamos dado ni cuando Pelé nos declaró favoritos para ganar en Estados Unidos 94.

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