La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.
Le propongo una cosa: veamos juntos el video que está a continuación. A lo mejor ya lo vio, las morbosas redes sociales seguro se lo pusieron a disposición recién salió del horno. No importa, veámoslo otra vez. Son solo 24 segundos.
¿Y? ¿Al parecer no es tan grave, no? O, al menos, eso pensarán muchos. Quién sabe, a lo mejor usted también. “Para qué fueron, si después van a armar un escándalo por unos griticos”, “¡Dizque agresión! La gente solo les estaba gritando”, etcétera, etcétera, etcétera. La cuestión es que sí: es grave, es una agresión, es un escándalo y es algo que nadie debería tener que vivir por el simple hecho de ir a alentar a su equipo.
Detengámonos, por favor, en la última parte del video. Un pelao de veintipocos con cara de estudiante universitario insulta a las dos hinchas de Santa Fe. Se le ve la frustración en la cara y parece no tener más remedio que desahogarse con ellas. “¡Hija de puta, ¿de qué vas?!”, le grita a una de ellas, “¡Hija de puta, de qué vas?! ¡Hija de puta! ¡Hija de puta!”.
Y aquí no se trata de crucificar a este pelao, como él, pudo haber sido cualquier otro. Seguramente salió herido del estadio, pues fue a ver cómo Millos le metía la mano a Santa Fe y le tocó irse pa’ la casa con un empate con sabor a poco. Quizás necesitaba desahogarse y le pareció que hacerlo así era normal. Y ese es justamente el problema. La culpa la tiene nuestra cultura barrabravil en la que insultar al rival es la norma, en la que todo el que se atreva a portar otros colores se hace acreedor inmediatamente del título de “hijueputa”.
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A mí me gustaría preguntarle a ese hincha: ¿No tiene, al contrario, mucho valor que ellas acompañen a su equipo aunque esté colero? ¿Esa pasión por el Clásico, esa conciencia de que se trata de un partido diferente, no es acaso la misma que lo llevó a usted al estadio y que lo saca, en ese instante, tan frustrado?

¿Tan difícil es convivir, sabiendo que todos los que están allá, azules y rojos, dan las tripas por la pelota y por sus equipos? ¿En serio, es muy difícil darse cuenta de que somos de los mismos?
Hace unos días, en este mismo espacio, un colega escribía que “la fecha de clásicos sacaba lo peor de nuestro fútbol”. Para mí este tipo de cosas hablan, más que de la pobreza de nuestro fútbol, de lo dañada que está nuestra sociedad. Si es así: mejor rindámonos con el tema de darle entrada a las hinchadas visitantes. Nos quedó grande, viejos. No hace falta que vuelvan a matarse a cuchillo para darnos cuenta.
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