Que los Char aprendan de los Lülle

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Hace diez meses la casa Char decidió hacer un millonario desembolso para reforzar al Junior de Barranquilla. Llegaron Teo, Chará, el ‘Mudo’ Rodríguez, Jonathan Ávila, Marlon Piedrahita, Víctor Cantillo, Luis Díaz, Jorge Arias y Luis Carlos Ruíz: más de 26 mil millones en fichajes y sueldos faraónicos en un país que tiene un salario mínimo de menos de 320 dólares. Hoy, eliminado de todo y roto por dentro –y más allá de si la multimillonaria inversión se debió a fines deportivos o políticos–,  es importante indagar por por qué el proyecto se fue por la cañería y el equipo de Teo –otra vez–  volvió a ser el foco de críticas y burlas.

 

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Lo llamativo es que un club con ese presupuesto sea manejado de manera tan folclórica y anti-técnica. Con una plantilla más costosa que la de Nacional, el Junior transmite la sensación de ser un castillo de arena, de no tener cimientos administrativos sólidos que manejen y potencien todos los ceros que los Char invierten en él. La comparación con el equipo de los Lülle es inevitable, pues el Junior es el único equipo del país con recursos económicos suficientes para parársele frente a frente al imperio ‘verdolaga’, disputarle fichajes, igualarle salarios y tener opciones reales en Copa Libertadores.

 

La comparación, sin embargo, solo aguanta el plano financiero. Luego se desploma; mientras Nacional en los últimos cuatro años ha tenido a Juan Carlos Osorio, Reinaldo Rueda, Juan Manuel Lillo y Jorge Almirón, todos técnicos sobresalientes, muy preparados y nombrados según el proyecto a largo plazo de la institución, el Junior contrató tres veces a Comesaña, dos a Alexis Mendoza, una a Giovanni Hernández y otra Gamero. ¡Un despropósito!

 

Nacional puede patinar un semestre, tener fichajes fallidos, pero tiene un norte y una estructura seria y consolidada. Los resultados saltan a la vista. Al frente del club hay gerentes y profesionales con logradas hojas de vida. En cambio, en Barranquilla el Junior es manejado por la familia Char y por ningún lado se ve un organigrama serio y moderno. ¿Cuándo han visto a uno de los Lülle hablar en contra de Lillo, Rueda u Osorio? Ganas no les habrán faltado, pero respetan el proceso, la empresa y los conductos regulares de una organización calificada. Muy diferente pasa en el Junior, que llama y despide técnicos a lo alegrón, al calor del “que se vayan todos” del hincha que se frustra con una derrota.

 

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Claro que los jugadores tienen responsabilidad. Este grupo liderado por Viera, Chará y Teo ha fallado en todas las citas importantes (Flamengo, Palmeiras, Boca Juniors, América de Cali, DIM). Exculparlos y no tener una postura crítica frente a su respuesta en los momento límite sería un error. Pero las decisiones administrativas, los timonazos al carrerón, la elección descerebrada de entrenadores y el carrusel ‘Comesaña-Alexis-López’ nos obligan a situar a la dirigencia en el centro del debate sobre los problemas verdaderos del equipo.

 

Foto:

Ardilla: Semana

Char: Lengua Caribe

Dayro: Futbol Total

Teo: DirecTv Sports


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