Esta es nuestra lista de subvalorados en la Liga Española. ¿Y la suya?
El mago Minero
Poco importa que Marcelo Díaz termine esta temporada en el banquillo. Poco importa que por Europa League, donde el Celta rozó el milagro, jugara poco y no fuera determinante. Ni que en la selección chilena su nombre no sea ya un indiscutible. A la hora de pensar en mediocentros totales pensar en él es una obligación. ¿Por qué?
Porque Marcelo -más bajito que Xavi Hernández- es otro enano más que confirma que este juego se juega con la cabeza y no con los pies. Desde su aparición en la «U» de Chile se mostró ante el mundo como uno de esos jugadores-cerebros que van un tiempo antes, programados para decidir siempre simple y siempre bien. Además, esa perfección conceptual ha venido siempre acompañada de una intensidad defensiva imprescindible para un volante mixto: Marcelo suele cortar con elegancia, va al piso con maestría, pero también raspa cuando debe raspar, corta cuando debe cortar, sabe mostrar los dientes; es mago y minero a la vez.
Marcelo Bielsa, que lo dirigió en Chile, reiteró hace poco que en el fútbol la precisión hace la diferencia. Díaz, su tocayo, es preciso hasta con la canilla. Por eso lo limpia todo. Por eso puede ser eje, interior y falso enganche. Por eso lo pedimos siempre.
El Oscar para De Marcos
Es difícil pensar en Oscar de Marcos sin pensar en Marcelo Bielsa (de nuevo). Y pensar en Marcelo Bielsa es pensar en la obsesión de un entrenador por hacer que los futbolistas conjuguen talento y teoría para saber llegar a la respuestas (complejas) que el fútbol reclama. Dice Bielsa que cuando más talentoso es un jugador, menor disposición tiene para el esfuerzo, para el trabajo, para la evolución constante, a menos que se llama Andrés Iniesta… u Oscar de Marcos. Veamos.
Llegó al Bilbao hace 8 años como volante ofensivo o delantero y con Caparrós en el Banquillo. Jugó poco. Luego vino Bielsa y todo cambió. Empezando como lateral se fue adueñando, literalmente, de la cancha: como wing, como interior, como enlace, como delantero y como lateral por ambos lados. Encajó perfecto en el fútbol total de Bielsa, viajando todos juntos. Se fue Bielsa y entendió perfecto el vértigo que después trajo Valverde.¿Conclusión?
Oscar conoce este juego. A su infernal talento le ha sumado entendimiento. Entendimiento en todas las zonas del campo, por derecha y por izquierda. Futbolista total. Y subestimado.
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José Ignacio Fernández
Haga el siguiente ejercicio. Piense en el Real Madrid y enumere a sus defensas. «Sergio Ramos, Marcelo, Carvajal, Pepe, Varane…mmm…Danilo…mmm…y Nacho, ah sí, Nacho, ¿así es que se llama, no?» No. No se llama Nacho, se llama José Ignacio Fernández, es un pedazo de jugador y el futbolista más subestimado de todo España. Desde que debutó en 2011, hasta esta temporada, Nacho había sido un suplentón condenado a jugar partidos intrascendentes.
Fue quizás por su discreción y su aversión a formar parte del circo mediático que su nombre nunca sonó duro en Madrid. Esta temporada, sin embargo, el asunto se cayó por su propio peso. Zidane le dio la oportunidad de ser importante y él pudo mostrar que es mucho más que un jugador cumplidor. Sumando todas las competiciones, Nacho es el octavo jugador de la plantilla que más minutos acumula (3.197); y en Liga, de los defensores, solo Ramos ha jugado más que él. Además ha sido el elegido del entrenador para partidos grandes como los de Champions contra el Bayern München. Siempre que le tocó jugar aprobó con nota alta.
Nadie habla de él. Nadie lo reconoce. Pero esta temporada ha mostrado que está a la altura del Real Madrid. Ha jugado de central y de lateral por ambas bandas, es rapidísimo, eficiente en los cierres, va bien al ataque y juega con criterio en campo contrario. Así que no, ya no se vale referirse a «Nacho» con displicencia, como un anónimo privilegiado por la suerte. Es un jugador total, con todas las letras.
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