Equipos Eternos: Juventus 2002-03

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En esta edición de Equipos Eternos recordamos a la hermosa Juventus 2002-03. Una banda que aplastó al Madrid y al Barcelona, pero que se quedó a un penalti de la gloria.

 

Ya son catorce años desde la última visita de la Juventus al Camp Nou. Corría el año 2003, cuando el Barcelona y la Vecchia Signora se vieron las caras en unos cuartos de final de la Champions League. La Juve salió victoriosa en un cruce épico y presentó su candidatura a un título que se le escapó por muy poco.

 

Si se cambiara la banda derecha por la izquierda, la descripción del primer gol de aquel partido podría ser perfectamente la de ese gol que Messi ha repetido hasta el cansancio: le gana la espalda al lateral derecho, corre decididamente hacia el arco, cruza hacia adentro y se escabulle entre los centrales; patea ajustado al primer palo del arquero. ¡Gol! ¡Golazo! Esa tarde se recordará, entre otras cosas, por el recital de fútbol que dio Pavel Nedved en el Camp Nou. Abrió el marcador con ese gol de antología y limpió el camino en la jugada que terminó en el gol de Marcelo Zalayeta en la prórroga. No en vano la pierna derecha del ‘León de Praga’ es considerada una de las más prodigiosas de este siglo.

 

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Además de eliminar al Barcelona, la Juventus también logró darle la vuelta a una eliminatoria muy complicada frente al Real Madrid. Otra vez gracias a Nedved, que también marcó un golazo en el partido de vuelta, la Vecchia Signora logró remontar el 2-1 de la ida y se clasificó para la final en Old Trafford. Pero no todo fue alegría. Al final, con la clasificación en el bolsillo, Pavel Nedved lloró desconsolado: a los 82 minutos de su recital vio una tarjeta amarilla que lo privó de jugar la final.

 

Marcelo Lippi, a pesar de no contar con su jugador estrella, llegó al ‘Teatro de los sueños’ con un equipo que perfectamente podía competir contra el Milan de Ancelotti. Buffón, que ya era amo y señor de la portería de Italia, formaba detrás de Ciro Ferrara, Paolo Montero, Igor Tudor y Liliam Thuram. Gianluca Zambrotta, defensa que años más tarde ganaría el Mundial con Italia, fue el encargado de llenar el vacío de Nedved por izquierda. El mediocampo, además, estaba formado por Edgar Davids, inconfundible por su peinado, sus anteojos y por la fiereza de su juego; junto a Mauro Camoranesi, otro que no tenía problema en dejar las vísceras en la cancha; y el legendario Alessio Tachinardi, que tenía un cañón en el pie derecho. Arriba la cuota de calidad la ponían Alessandro del Piero y David Trezeguet, dos grandes, muy grandes, que no necesitan introducción.

 

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Es cierto que Lippi paró un equipo de corte defensivo, pero no hay que olvidar que al frente estaban Pirlo, Rui Costa, Seedorf, Shevchenko, Inzaghi y compañía. Con esos nombres cualquiera pensaría en meter dos porteros y seis defensas.

 

El partido fue, en efecto, muy cerrado y estuvo marcado por las espectaculares intervenciones de los arqueros. Buffón y Dida fueron los responsables de que el marcador terminara como solo podía terminar una final entre dos italianos: 0-0 con todo y prórroga. En los penales siguió la exhibición de los porteros, que contuvieron cinco de los diez cobros. Dida hizo el deber ante Trezeguet (al que poco se le dan los penales definitivos), Montero y Zalayeta, que había entrado en el segundo tiempo. Buffón atajó los cobros de Seedorf y Kaladze, el lateral izquierdo rossonero, pero no pudo contener el disparo de Shevchenko y vio así como el sueño de ser campeón de Europa se le escapaba de las manos.

 

Después de haber dejado al Barcelona y al Madrid en el camino y teniendo, de lejos, al mejor jugador del torneo… la Juve se quedó a un paso de la gloria.

 

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