Equipos eternos: Milan 2007

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rste es el último Milán del que vale la pena acordarse. 

 

“La historia la escriben los vencedores”. Una frase que Winston Churchill hizo suya y que parece haberla acuñado pensando en el fútbol. Porque los vencedores, y todos los que se montan en el bus de la victoria, han sido los encargados de titular los capítulos de la historia de este deporte. “El Maracanazo”, “La Batalla de Santiago”, “El Milagro de Berna” son ejemplos de lo anterior. Quien gana rotula. Quien gana es quien escribe.

 

Por eso el Liverpool fue el escritor del inconfundible y rimbombante “Milagro de Estambul” en 2005. Pero, a ver, barajémosla despacio. El Milan, el vencido, podría alegar que la remontada del Pool fue motivada más por los errores clamorosos de su arquero que por algún tipo de intervención divina. Los Rossoneri, también, podrían admitir que fue más su desconcentración, al creerse campeones en el entretiempo, que el ímpetu de los ingleses lo que los empujó al abismo. Pero la historia la escriben los vencedores y si el Milan quería refutar las tesis de los ingleses, tenía que recuperar su lugar en el trono del fútbol. Carletto estaba dispuesto a reescribir la historia y la oportunidad le llegó al Milan tan solo dos años después del tal milagro.

 

¿Milagro? Saque sus propias conclusiones.

 

Otro equipo eterno de este autor: El Bayern que lo perdió todo. 

 

2007, final de UEFA Champions League en Atenas, los lombardos llegaban con un solo objetivo en mente: Vendetta. El rival era el mismo de la catástrofe de dos años antes, pero los de Ancelotti llegaban después de un torneo brillante; su paso por cuartos y semis había dejado actuaciones memorables. En cuartos, contra el Bayern, la ida quedó 2-2 en San Siro. Con el viento en contra, el AC Milan resolvió la llave con un contundente 0-2 en el templo bávaro. El Manchester United no corrió con mejor suerte: después de hacer los deberes en Old Trafford, ganando 3-2, los de Ferguson se comieron un baño en San Siro. 3-0 fue el marcador final en una noche mágica de Kaká.

 

El Milan de Ancelotti era un collage de jugadores de culto. Dida, el portero titular, era fanático de remediar sus estrepitosos errores con atajadas espectaculares. Fue el dueño de la portería del Milan y la Canarinha hasta que lo devoró el olvido de la gente. La defensa era una garantía absoluta: Nesta y Maldini formaban en el centro de la zaga, mientras que Massimo Oddo y Marek Jankulowski taponaban las bandas. Cafú, aunque ya viejo y mermado por las lesiones, también tuvo minutos a lo largo del torneo.

 

Y otro equipo eterno más: El Millos de la Sudamericana 2007. 

 

El mediocampo era un clásico de la escuela italiana, un balance perfecto entre marcadores férreos y pasadores talentosos. Ambrosini y Gattuso eran, digámoslo, los patadura; se encargaron de asfixiar a Gerrard, Alonso y Mascherano, y mantuvieron el orden en las filas milanistas. Mientras tanto, Pirlo y Seedorf eran los repartidores y, a pura precisión, invitaron a la fiesta a los de más arriba. Kaká, el último rey antes de los tiranos, y Filippo Inzaghi, bendecido por la diosa fortuna, completaron el dibujo de Carletto.

 

El primero llegó justamente por obra del ‘Pipo’, uno de esos viejos delanteros centro que tienen el don de la oportunidad y un instinto feroz para elegir el cuándo y el dónde. Tiro libre de Andrea, desviación oportunista de Inzaghi. 1-0. El segundo fue una obra de arte. A ocho del final, Kaká recogió una pelota en tres cuartos de cancha y rebanó, literalmemte, a la defensa del Liverpool con un pase entrelíneas… el ‘Pipo’ Inzaghi olió las intenciones de su compañero y aprovechó el pase para tirar una diagonal de antología y disparar a puerta vacía, después de dejar a Pepe Reina en el camino. Un gol de Kuyt, con el tiempo casi cumplido, amenazó con una catástrofe de las dimensiones de la de Estambul; pero el destino no podía ser tan hijodeputa… El Milán mutó felizmente de vencido a vencedor, de lector a escritor.

 

La venganza se sirve fría.

 

Es poco, muy poco, lo que se ha escrito sobre el Milan desde entonces. Los Rossoneros se convirtieron en espectadores habituales de las transmisiones de Champions. Dejaron de atraer a grandes jugadores y mostraron un fútbol muy por debajo de lo que se esperaría del segundo club más laureado en la historia de la Copa de Europa. Al día de hoy, no obstante, la historia pinta diferente y, al menos sobre los papeles, este Milan que se viene tiene ganas de repetir lo que hizo en 2007. Parece haberse vuelto a acordar de Churchill.

 

Y otro equipo eterno más del autor: La Sub-20 de 2005. 

 


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