Los 3 días más tristes del fútbol

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Hay momentos en que a todos los futboleros, sin importar su edad, equipo o nacionalidad, se les arruga el corazón al mismo tiempo.

 

El fútbol es una buena metáfora de la paleta de colores. Del más claro al más oscuro, hay miles de colores que a través de equipos representan ciudades, países, pueblos, religiones, culturas, barrios, etc. Cada futbolero ríe y llora por sus colores. Sin embargo, hay momentos en que el fútbol alcanza una sensibilidad universal. Hubo días en que a todos nos dolió lo mismo.

 

La lesión maldita del ‘Gordo’

El 12 de abril del 2000 se jugaba la final de la Copa Italia entre la Lazio y el Inter de Recoba, Zamorano, Ronaldo y compañía. Corría el minuto seis del primer tiempo, atacaba el Inter, Ronaldo Nazario, que acababa de regresar de una lesión de seis meses en el tendón rotuliano de su rodilla derecha, lideraba un contragolpe prometedor; clavó su mirada en el balón para encarar a Fernando Couto y antes de empezar otra de sus diabólicas bicicletas, su rodilla hizo ¡crack!

 

Se retorcía mientras lloraba y agarraba su rodilla. Sus gestos de dolor presagiaban lo peor. Todos sufríamos por él mientras lo sacaban de la cancha del Olímpico en camilla. Al ‘Fenómeno’, el mejor 9 de siempre, se le despedazó la rodilla derecha en esa jugada. Esta vez tuvo que estar un año sin jugar.

 

Si bien la leyenda cuenta que volvió poco antes del mundial del 2002, que marcó ocho goles, salió goleador y ganó su segunda copa del mundo, después de esa contra mortal contra la Lazio nunca volvió a ser el mismo. Ese crack de su rodilla fue como un trueno para todo el mundo del fútbol.

 

 

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La despedida solitaria de Zidane

El 7 de mayo del 2006 Zidane jugó contra el Villarreal su último partido con la camiseta del Real Madrid. Ese día regaló unas pinceladas y poco más. Cambió su camiseta con Riquelme y, con la diez del ‘Submarino’ en el hombro, se fue ovacionado por un público al que muchas veces antes había puesto de pie.

 

Su declive en aquella temporada fue notable. Zidane dejó de ser el genio del juego y pasó a ser un artista de jugadas. De apariciones. Y el mundial de Alemania estaba a la vuelta de la esquina.

 

Pero algo pasó. Por alguna extraña razón, un mes después vimos a Zidane con la magia de sus mejores días. Parecía de 23 años. Lúcido, dinámico, eje y peaje del juego de Francia. Era otro. Junto a Henry, Abidal, Thuram y un joven atrevido de apellido Ribery, Zidane logró liderar una selección que hizo un mundial espectacular. Le dio un baile de novela a la Brasil de Ronaldo, Ronaldinho y Kaká. En cuartos de final, previo al partido con España, el diario Marca tituló: “Jubilemos a Zidane” y fue Zidane el que mandó a casa a los españoles.

 

En la final contra Italia desafió los límites de su genialidad: le picó un penalti a Buffon en la final del torneo más importante de la galaxia ¡Qué loco divino! Aparte de los italianos, no había nadie que no quería que Zidane se retirara ganando un mundial, con el brazalete y su calva brillante; alzando la copa.

 

Pero el impertinente de Materazzi insultó a su hermana y ¡pum! Horacio Elizondo hizo lo que tenía que hacer y Zidane nunca más piso una cancha como profesional.

 

 

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El resbalón de Gerrard

El último gran Liverpool del que se tuvo noticia fue el de la temporada 2006/07. El Milan tomó su revancha de la inolvidable final de Estambul 2005 y le ganó a un Liverpool que tenía el mejor mediocampo de Europa con Xabi Alonso, Mascherano y Gerrard.

 

Siete años después, los reds volvieron a ser poderosos. Gracias al liderazgo de Gerrard y de un Luis Suárez desatado, el Liverpool cabalgó la Premier 2013/14. Anfield ya soñaba con ganar una liga que le era esquiva desde hace 23 años. A falta de tres fechas la situación era muy favorable. Para ser campeón el Liverpool debía sumar siete puntos contra Chelsea, Crystal Palace y Newcastle.

 

El paso definitivo era ganarle al Chelsea de Mou en Anfield. El Liverpool dominó el primer tiempo, pero al minuto tres de descuento todo se fue al diablo: Gerrard recibió un balón en la mitad de la cancha, se resbaló y mientras se paraba le dio tiempo a Demba Ba para robarle el balón, ponerse mano a mano con el arquero y marcar.

 

La puntilla la puso William. El Liverpool perdió 0-2 y el Manchester City no desaprovechó ese maldito resbalón. Ganó sus tres juegos y se coronó campeón. Si alguien en el mundo no merecía esa fatalidad era Gerrard.

 

‘The Captain’ contó después en una entrevista que la depresión le duró cuatro meses. Eso sí, nunca olvidaremos como lo arropó Anfield después del resbalón: “Steeeveeen Gerraaaaaaaaaaaard”, se oyó más que nunca.

 

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