Al Barcelona no le importa el baile de Yerry Mina

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La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.

 

Como usted, yo también me alegré con la llegada de Yerry al Barcelona. ¿Cómo no? Ver a esa mole de 195 centímetros y 95 kilos de músculo, de voz gruesa y ronca, sonreír con la ilusión de un niño es algo que emociona. Su humildad y su nerviosismo infantil, por un momento fugaz, nos hicieron creer eso de que “para cumplir los sueños solo hace falta el trabajo duro”; que si Mina saltó del Deportivo Pasto al Barca en cinco años todo en la vida es posible.

 

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Su llegada a la cima del fútbol fue una inyección de esperanza para un país que la necesita y que reconoce como propios los triunfos de otros. Lo normal es ponernos felices con la llegada de un colombiano al Barca, sentirnos orgullosos de él, reconocer sus valores incluso sin tener certeza alguna de ellos. Como dije, apenas normal. Lo que sí es un disparate es poner su “alegría” al lado de sus cualidades futbolísticas y postularla como una ventaja competitiva que augura su éxito futuro en el club.

 

El problema es que esto no se quedó en las conversaciones de bar, en esas en las que también se dijo que Vermaelen es un paquete, se preguntó quién era Umtiti y se afirmó con seguridad científica que Piqué solo es titular porque es un catalán separatista. En varios programas de televisión se vio a varios periodistas consagrados hacer disertaciones doctorales de psicología social en las que analizaban la “alegría” de Yerry y cómo esta iba a aportarle al equipo. Por ahí se dijo que Mina era el reemplazo de Dani Alves, no porque fuera un futbolista excepcional, sino porque suplía la cuota de baile, ritmo y sabor latino que Messi necesita para ser feliz.

 

Esto no es tan irritante como los mensajes hostiles a Valverde en redes sociales, claro que no, pero pega en el palo. Seguramente su buena onda le ayudará a Yerry a hacer amigos y entrar bien en las dinámicas del vestuario. Eso es una cosa. Otra cosa es ser tan ingenuos como para pensar que el Barcelona, el mejor equipo de lo que va del siglo XXI, líder indiscutible de la liga española y uno de los grandes candidatos a ganar la Champions, el equipo de Messi, Iniesta y Busquets, necesita de la chispa alegre del bueno de Mina; y que ha pagado 12 millones por ella.

 

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Sin darnos cuenta, haciendo esto le quitamos valor a sus excepcionales cualidades futbolísticas. Si un central triunfa en el Barca es porque demuestra temple e inteligencia para adaptarse al sistema, personalidad para salir jugando por el piso cuando los delanteros le muerden los talones, velocidad para jugar a 40 metros de su arquero, picardía para atraer rivales y encontrar al hombre libre entre líneas y contundencia en ambas áreas. Entonces, si Mina logra consolidarse será porque tiene esto —y estoy convencido de que lo tiene— y no porque haga reír a Leo, porque sea la sensación en la fiesta de cumpleaños de Alba o porque celebre sus goles con un bailecito genial que se hace viral en redes sociales y que nadie en el vestuario es capaz de imitar.

 

Y no es que tenga nada en contra del bailecito, ojalá que lo veamos mucho en el Camp Nou. De hecho, cuando me emociono en la ducha lo hago, o al menos eso intento.

 

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Foto: El Tiempo


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