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Once Caldas vs. Millonarios: Russo la sacó barata

2018-12-01T09:24:19+00:00 5 octubre, 2018 |

Estudiante de Periodismo. Buscando vivir de contar historias sin morir de hambre en el intento. En Twitter: @horrorfosforo

2 minutos de lectura

En el partido de ida de la semifinal de la Copa Águila, Once Caldas le ganó 1-0 a Millonarios y dejó la serie abierta para el partido de vuelta, el próximo 12 de octubre.

Con Millonarios, como pasa muchas veces en la vida, las cosas siempre pueden empeorar. No importa qué tan profundo sea, el hoyo siempre se hará más profundo. O por lo menos eso pareció en el primero tiempo. Aún con la herida del martes fresquita, Millos llegó al Palogrande a verse las caras con un Once Caldas envalentonado –mucho más, incluso, que la última vez que jugaron, hace dos semanas–. El equipo de Bodhert, con ansias de gloria, salió decidido: ¡Comerse a Millos! ¡Comerse a Millos! Y lo hicieron… o bueno, estuvieron a un mordisco. No les falto nada para tragárselo enterito.

 

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La fórmula del Blanco fue la misma. Toqueteo y coqueteo, fútbol hecho chocolate negro. El pecado del Azul fue el mismo: desorden atrás, aburrimiento adelante. Y nadie que los salve. No iban 10 minutos y el partido ya iba 1-0. La noche nunca antes había estado tan oscura para Millonarios. Pero entonces, cuando parecía que iba a caer el segundo, apareció Faríñez. Y cuando parecía que iba a caer el que debía ser el tercero, César Amaya apuntó al cielo. Y así hasta que pitaron el final del primer tiempo.

El marcador –corto, cortísimo respecto al juego–, terminó motivando a Millonarios para el segundo tiempo. Al Once, por el contrario, verse tan grandes, tan superiores en la cancha, les jugó en contra y los desinfló.

Y entonces para Millos, como pasa a veces en la vida, las cosas cogieron color. Mejoraron. El fondo del hoyo, de a poco, se fue acercando a la tierra firme. El frío del martes pasó y el fútbol regresó, por instantes a los guayos de Marrugo, Ayron y Caracho. De hecho, en algún momento se oyó el rumor del empate. Rumor efímero y ligero.

 

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Al acercarse el “final, final, se acabó, no va más”, el 1-0 era frustrante para el Once y motivador para Millonarios. Y entonces Ararat se inventó un penal y el hoyo amenazó con volverse a abrir. Pero el azul tiene a Wuilker, amigos, al niño de oro. Volando, majestuoso y salvador, rescató al visitante del infierno. El fútbol es la metáfora de la vida, de eso no hay discusión: en noches como hoy, después de chuparte, consumirte y patearte hacía el hoyo, la vida también sonríe. La llave está abierta. Vamos a ver.

 

Goles:
Ricardo Steer (9′)

La gran figura:
Wuilker Faríñez

Foto:
El Tiempo

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