En un partido que fue de menos a más, Nacional le ganó a Chapeconse y se hizo con la Recopa Suramericana. Cortita y al pie, le contamos las tres claves del partido:
No fue brillante, pero sí contundente
Los equipos que visitan el Atanasio suelen meterse atrás, y rezar… El Chapecoense, y más habiendo ganado en la ida, probablemente no iba a ser la excepción. Sin embargo, el gol de Dayro a los dos minutos le tumbó el castillo al técnico Vágner Mancini. Los brasileños quedaron fríos, desubicados. No supieron qué hacer. Quedaron en el limbo, ni se defendieron ni atacaron; deambularon por la cancha, esperando a ver qué se le ocurría a Nacional. El primer tiempo del equipo brasileño fue muy pobre.
Y Nacional no tuvo que hacer mucho para encaminar el título. No fue un primer tiempo brillante, pero el equipo cogió el balón, circuló e hizo lo que no pudo hacer en los primeros partidos de Copa Libertadores: meterla. Dos opciones, dos pases magníficos de Macnelly y dos goles, uno de Dayro y otro de Ibargüen.
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Henríquez frustró a ‘Chape’
El segundo tiempo fue a otro precio. Nacional salió confiado y Chapecoense adelantó líneas y se creyó el cuento del empate. En los primeros veinte minutos –antes de que apareciera el genio de Ibargüen– los brasileños desnudaron falencias defensivas del local.
El técnico Mancini adelantó a Joao Pedro –que había arrancado de lateral derecho–, lo acomodó de interior izquierdo y lo acompañó con Reinaldo y Osman, el lateral y el extremo por esa banda. Entre ellos tres comenzaron a hacerle superioridad numérica a Bocanegra por la izquierda y a tirar pelotas cruzadas al área. El gol debió haber caído de no ser por una intervención milagrosa de Henríquez en la raya.
Nacional corrió riesgos jugando con dos extremos tan ofensivos y un volante de contención como Aldo Leao que ya no tiene el despliegue suficiente para apoyar en las coberturas.
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Ibargüen vale oro
En Colombia todavía nos preguntamos por qué Andrés Ibargüen sigue en el país. Con esas condiciones ya debería estar mínimo en Europa. Contra Chapecoense, el extremo izquierdo volvió a demostrar que en el uno a uno es imparable. Andrés es diferente, especial, jugadores como él hay uno en mil millones.
Cada vez que recibió en la izquierda hizo lo que se le dio la gana. Cuando Nacional peor la pasaba, cuando Chapecoense espabiló y empezaba cocinar el gol que empataba la serie, Andrés recibió, encaró, pasó y se la sirvió magistralmente a Arley Rodríguez para que este se la bajara a Dayro. Un cuarto de hora más tarde, en una jugada calcada, encaró, pasó, se resbaló y en un accidente afortunado hizo un golazo de vaselina. Eso pasa cuando los genios se equivocan: hacen magia.
Tiene 25 años, todavía está a tiempo de mostrarle su talento al mundo. Si el Manchester City pagó 68 millones de euros por Sterling, ¿cuánto vale este loco?
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