Cuando pienso en James pienso en Román y que en el Barcelona, el gil de van Gaal, con sus ojos de dinosaurio extinto, le bajó el pulgar. “Con Riquelme tengo un jugador menos en defensa”, balbuceó para justificar el sacrilegio de prescindir de Topo Gigio.
Al leer que James no ha sido convocado por Zidane, otra vez más, y que lo rechazó el United, y el PSG, pienso en el Burrito Ortega odiando al fútbol cuando le tocó jugar en Italia (luego, genio díscolo, se escapó).
Cada vez que alguien pone el tema James sobre la mesa –cansado ya de las críticas que me sé de memoria y que me tienen sin cuidado, pues soy un defensor irracional del 10, un barrabrava– pienso en el Chino Recoba y en que un muy querido colaborador de Hablaelbalón en Uruguay nos escribió hace poco, con desdén, que pararamos de encumbrarlo…“es tan solo un buen jugador que fumaba mucho”, dejó caer.

Al repasar esta morbosa ventana de fichajes, en la que James ha debido sentir lo que sienten los rechazados en el «pica- pala», me acuerdo de Sneijder, él último 10 en el país de Cruyff, saliendo como un perro del Madrid, igual que Ozil, igual que Kaká; me viene a la mente el momento en que Robert Pires tuvo que dejar el Arsenal por ser un “perro viejo”; y pienso en Ganso, el rebelde brasilero, ese genio que en el Sevilla, lejos de casa, pasó a ser un remedo de jugador.
Pienso en Pastore, en el Pastore del hermoso Huracán de Cappa, en el Pastore feliz del Palermo… en el ahora triste Pastore del PSG.
En Gio Hernández y en su cara de tragedia, incluso después de un hermoso pase gol. En Omar Pérez, el más genio de todos, y en los memés que los “pragmáticos” han hecho en su honor. En Gio Moreno, tirando caños en Racing, elogiado por Riquelme, ahora con el alma empeñada del todo en el nauseabundo fútbol chino.
Conforme la novela de James se torna negra, recuerdo los días amargos, largos, incoloros, de Juanfer en Portugal y en Francia. La irrelevancia final de Pablito Aimar. Y el periplo fallido de D’ Alessandro por el continente viejo.
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En este martes 13 que escribo esto, día de la mala suerte, después de una larga y fiera discusión con el editor general de Hablaelbalón (y crítico acérrimo de James) me dio por pensar en la linda paradoja –Dolor y Gloria– de nacer con ese “algo más” con el que vino el zurdo Yeims.
Y se me ocurre que el fútbol, ansioso como todas las actividades humanas, no sabe de paciencia, no sabe de estética, y le exige a los que ponen las ideas, los colores, las texturas y las formas, números fríos que estos no pueden, no quieren, no necesitarían dar. Que los genios sufren porque se les mide con la matriz gris del resultadismo rígido del capital; en este juego con chalecos GPS ya no hay espacio para los artistas y sobran los robots.

Se me ocurre, pues, en este martes 13, que la pierna izquierda de James vino al mundo con un fin primero estético y después práctico, que hay que saber tratar, potenciar, explotar con un trato especial. Como la derecha de Riquelme. Como la pierna izquierda de Juanfer. Como la mente tórrida del Burrito y la intermitencia rebelde de Mesut Ozil. Y que la razón estructural por la que James no “funciona”, no “cuadra”, no «da garantías», poco tiene que ver con todo ese humo de su amor por la noche, su indisciplina táctica, su falta de sacrificio y personalidad vedette.
No, no compro: Si James no ha sonreído en las últimas temporadas es porque es un genio incomprendido por la mayoría de equipos grandes de Europa, incapaces de sostener a los artistas, derretidos por los robots nueva era -los Rashford, los Sterling, los Mbappé-. El mago ha sido, con Zidane y con Kovac, un poeta en equipos que no gustan de la ficción. Un Tarantino sin poder derramar sangre, un Woody Allen sin tríos amorosos, ha sido Almódovar sin color.
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Pero es tan bueno, tan fuera de la norma, que si se topa con un mecenas (como le pasó a Miguel Ángel en Florencia) volverá a regalarnos tardes hermosas, versos hermosos, fútbol gourmet. Como pasa cuando viene a la Selección Colombia. Como ha pasado siempre que lo tratan con amor.
James está probado. Es el mejor de los nuestros. Pero el fútbol de élite le tuerze en contra y no a favor.
Foto: Antena 2









