La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón
No sobra decir que como espectador colombiano de la Champions no tengo grandes filiaciones y pasó de un equipo a otro con facilidad y sin vergüenza. Excepto cuando juega el Arsenal, siempre le voy al que por alguna razón me toca la fibra.
Esta vez, cómo no, el turno fue para el Ajax. Desde que le ganó al Madrid en el Bernabéu, este equipo me ha hecho feliz y siempre me pido cubrirlo (incluso cuando en el otro canal se exhibe Skywalker Messi).
Pero hoy no se trata de explicar mis gustos personales, que cada quien goce por quien quiera gozar y que todos sean libres de llorar por Cristiano; la razón de escribir sobre el equipo holandés trasciende la inclinación momentánea y se refiere a un hecho que creo importante –apasionante, mejor– para todos los futboleros que se escapan de la oficina con la ilusión de que la jornada los sorprenda, para los que nos gusta ver a los gigantes sangrar contra el pronóstico de las casas de apuestas.
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Lo que hoy terminó de corroborar y de imponer el Ajax es que sí es posible seguir dando la batalla, incluso en la élite, basándose en proyectos sistemáticos, pacientes, metódicos, en los que prima la colectividad por encima del mecenazgo.
Los pelados que hoy eliminaron a Cristiano Ronaldo son el resultado de un proyecto que tiene como bandera transversal que el “club/equipo está por encima de todo”. En el Ajax la esperanza para poder competir contra los gigantes está puesta en la cantera. Los chicos que se forman allí deben llegar a la mayoría de edad con un ADN que combina ambición, perfección técnica y una interiorización del sistema de juego casi instintiva.
En todos los equipos inferiores del club holandés el modelo de juego es 4 3 3 y las directrices de hacerse del balón y proponerse llevar la batuta del partido son innegociables. Como no tiene la billetera del Madrid ni del United, desde siempre, el Ajax se ha dedicado a pulir diamantes, abastecer a los grandes de Europa, y enseñarles a los que se quedan que, juntitos, solidarios, confiados en el proceso, pueden vencer a equipos con Cristianos Ronaldos.
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Es difícil. Es lento. Y la impotencia de luchar contra el capital es frustrante; pues para nadie es un secreto que las cosas se pueden hacer muy bien para luego perder nueve de diez contra Messi, Neymar y Suárez.
Pero cuando ocurre, cuando cada tanto el fútbol se inclina por los procesos como los de este Ajax, los espectadores nos permitimos fantasear que este juego hipnótico sirve para algo. Que en él se esconde una moral, una ética: la disolución de la individualidad y el encumbramiento de lo colectivo.
Qué solo así será posible llegar a un resultado tan refinado, tan sincronizado, tan consistente, y que todo sabe mejor cuando para explicar al vencedor no hay más remedio que señalar al equipo, del central al número nueve, sin vedettes, sin «inmortales»; que valen más 11 De Ligts que un Cristiano Ronaldo.
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Fox Sports.com











