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Millonarios: Hacen falta tipos como Robayo y Mayer

2018-12-01T09:09:56+00:00 13 noviembre, 2018 |

Estudiante de Periodismo. Buscando vivir de contar historias sin morir de hambre en el intento. En Twitter: @horrorfosforo

3 minutos de lectura

La opinión de los columnistas no refleja necesariamente la de Hablaelbalón.

El 7 de mayo de este año escribí una columna titulada “Millonarios me robó”. Fue el lunes después de la última fecha del todos contra todos del primer semestre. Santa Fe, sin posibilidades de clasificar a los ocho, le había ganado 1-0 a Millonarios, condenándolo también, a ver las finales por te vé.

Hoy, 13 de noviembre, 6 meses y 6 días después, podría transcribir todo lo que escribí en esa columna para hablar sobre lo que pasó el domingo en la última fecha del todos contra todos del segundo semestre. Millonarios, sin posibilidades de clasificar a los ocho, perdió 0-3 contra Santa Fe, que con la goleada confirmó su clasificación para jugar las finales del 2018 II.

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“Me sentí traicionado como pocas veces, ayer no hubo contraprestación. El sufrimiento y el desgaste emocional al que me sometí desde la tribuna, nunca se vio compensado por lo que los jugadores mostraron en la cancha. Afuera, nosotros lo dimos todo, ellos nos quedaron debiendo.”, escribí entonces y podría volver a escribir ahora. Usted mismo puede leer la columna y comprobará que, cambiando un par de nombres, la situación es la misma.

Muchas veces el fútbol, como la política y la moda, es cíclico. Circular. Nos vuelve a encontrar, una, dos y cien veces sentados en el mismo lugar. En Millos este último ciclo duró seis meses. Derrotados, amargados e impotentes frente al desgano de los jugadores, así salimos del Campín hace seis meses y así lo hicimos antier.

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Es más, diría que el hoyo en el que estamos ahora es mucho más profundo que el de mayo. En ese entonces, la posibilidad de clasificar a las finales para defender el título podría servir como argumento para explicar que los jugadores simplemente se vieron paralizados frente a la presión. “Se cagaron y ya. No les dio”.

Pero es que el domingo debían jugar movidos por el sentido más primitivo del juego: ganar. Ganar y gracias. Nada de hacer cuentas con calculadora ni de estar pendientes de los resultados de otros. Jugar para ganar, era eso. ¡Y ganarle a Santa Fe, además! Era la venganza perfecta para desquitarnos de la eliminación en Sudamericana y de cuando nos jodieron la clasificación el semestre pasado. Solo había que empatar para dejarlos por fuera y dormir un poco más tranquilos lo que queda de campeonato.

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Pero no. Ni siquiera la despedida de Russo los movió. Ni siquiera la dignidad de terminar el año con la cabeza en alto y el pecho inflado. Ni siquiera pensar que para la próxima temporada, y bajo la batuta del técnico que llegue, la mayoría se jugaba su continuidad en el equipo.

Quedamos entonces, no solo condenados a pasar el fin de año escuchando la pólvora del campeón de la liga y del finalista de Sudamericana, sino también a esperar que llegue enero extrañando viejas glorias. Hoy, a pesar de tener figuras como Duque y Salazar, se añora en el Campín a tipos como Robayo y Mayer, que estaban ahí para gritar: “¡Hey! ¿Qué está pasando?” en días como el domingo, cuando la resignación nos llevaba a la deriva y jugábamos sin fuego y sin ganas.

Foto:
El Espectador

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